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PRAGMA – INSTITUTO DE INVESTIGACIÓN Y ENSEÑANZA EN PSICOANÁLISIS

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Mujeres contemporáneas

En la Argentina no se conocieron, a la manera de otros países, movimientos de mujeres feministas que se agruparan para reclamar por sus derechos. Pero si, hubo a fines del siglo XIX, un periódico «comunista – anarquista» la voz de la mujer (1896), en donde las autoras que se mantuvieron anónimas, irrumpieron con un lenguaje nuevo y se autodeclararon «Feroces de lengua y pluma».

En esta publicación bilingüe (en italiano y español), se encontró, por primera vez un rechazo al matrimonio y al hogar. Mientras que el cuerpo, apareció definido como «una máquina», «un lindo molde » con los que gozaban los hombres.

Posiciones que expresaban con el siguiente estilo:

«…es preciso que sepáis de una vez, que esta máquina de vuestros placeres, este lindo molde que vosotros corrompeís, ésta sufre dolores de la humanidad, está ya hastiada de ser un cero a vuestro lado, es preciso oh falsos anarquistas!, que comprendais una vez por todas que nuestra misión no se reduce a criar vuestros hijos y lavaros la roña, que nosotras también tenemos derecho a emanciparnos y ser libres de toda clase de tutelaje ya sea social, económico o marital» [1]

(….)»Si no queréis convertiros en prostitutas, en esclavas sin voluntad de pensar ni sentir no os caséis»(pag237) .

Además, rechazaban el amor incondicional, el amor como cualidad femenina y proponían a cambio del yugo masculino, el goce autoerótico, que Miller prefiere llamar autista :»busca la masturbación un lenitivo a tus voluptuosas ansias. Hazlo todo, todo, menos amar hasta que te amen..» pag. 237 «El amor no puede ser eterno ni inmutable ni fijo» «…queremos el amor libre completamente. Es decir que la unión termine cuando termine el amor…» (pag. 237)

Estas mujeres, reclamaban los derechos de libertad e igualdad frente a los hombres, a partir de Ideales anarquistas. Derechos que conllevaban el eslogan del feminismo de la igualdad: «!Tuyo es tu cuerpo!», y que implica, como Graciela Musachi señala en su libro [2] un fantasma de dominio.

Ahora bien, pasado más de un siglo ¿Qué discursos surgieron frente a este malestar de las mujeres que expresaban, con estilo innovador, algunos escritores?

Indudablemente, con la creación del psicoanálisis, Freud intentó responder a eso que inquietaba a sus contemporáneos. Legando, sin embargo, la pregunta: ¿Qué quiere la mujer? que Lacan reformuló por ¿Qué quiere una mujer?. Transformación que implica una respuesta diferente a la problemática femenina, al reconocer que no existe universal de la mujer.

No obstante, me interesa poder situar, teniendo en cuenta esta premisa, algunas variaciones en los síntomas de las mujeres contemporáneas.

Actualmente, las mujeres no deben ser excepcionales para escribir ni mantenerse en el anonimato o ponerse seudónimo, como lo hacían las mujeres anarquistas del siglo XIX . Escritoras, periodistas e incluso políticas acceden a la palabra oral y escrita para expresar sus posiciones, casi sin restricciones. Pero, cuáles son los síntomas y las formas de gozar que manifiestan las mujeres en esta época?

Quizás, uno de los cambios más notorios, que se relacionan estrechamente con el discurso de derechos humanos, es (como ya han señalado otras psicoanalistas) que generalmente, no se encuentra un rechazo, o «como en Dora, un retroceso tembloroso frente al órgano del señor K» [3], sino que por el contrario, las mujeres de hoy se han familiarizado con el órgano viril como instrumento de goce.

Pero, a diferencia de lo que Freud planteaba, es más frecuente que las mujeres amen por un lado, y deseen o gocen por otro. Incluso Lacan, en La significación del falo (1958) parece adoptar la tesis freudiana pero introduce un matiz cuando aclara que el desdoblamiento entre el objeto de amor y el deseo se encuentran también en la mujer pero «el primero se halla disimulado por el segundo» [4].

Ejemplo de esta separación, se puede escuchar en lo que dicen las mujeres en el consultorio y en lo que éstas escriben. Pero ¿qué sucede cuando la maternidad irrumpe en estas mujeres?.

En la novela Salsa [5] de la escritora Clara Obligado, que narra la historia de varias mujeres que se conocen en un local de baile. Uno de sus personajes, apodado Gloria, está, justamente, dividida entre el deseo y la maternidad.

La trama del libro, parte del enigma que se plantea con el nacimiento del hijo de Gloria, cuando ésta exclama ¡Es blanco!. Provocando, en su esposo, Julio, la sospecha que ese niño no es hijo suyo.

Gloria tiene un secreto, al que se le agrega otro que van a compartir Jamaica, otro personaje de esta novela y Julio. Ambos secretos, van a organizar la estructura ficcional de esta novela.

El nacimiento del hijo provoca en Gloria recuerdos de sus padres. A su padre lo recuerda como un hombre seco pálido y cansado, que regaba la casa con tristeza y con un temor cuyas causas eran desconocidas. Mientras que «su madre permanece fijada en una escena alegre, con una fuente entre las manos en la que humea el arroz, bailando en la cocina» (pag. 45)

Ambos habían fallecido jóvenes, primero su padre y al poco tiempo su madre «había desaparecido cuando era aun una niña» . Pero las causas de su muerte le resultan a ésta difusas. (106)

Por qué, se preguntaba Gloria, su madre la gestó en Cuba y luego volvieron rápidamente a aquel pueblo triste.

Intrigas que van a ser develadas, cuando se conozca el secreto que Jamaica ha revelado recientemente a Julio.

Por otra parte, Gloria desea que su esposo no entre «en esa estrecha pareja que forman ella y su hijo. Que no los separe»(pag. 47). Pero esta posición la lleva a la soledad: «Desde el parto se siente más sola como si ese fino segmento que va entre la vida y la muerte se acortara de prisa despiadado, como si alguien hubiese dado cuerda a un reloj que avanza sin compasión» «(pag. 46).

De esta manera, Gloria por el nacimiento de su hijo, empieza a rechazar a su esposo. Podemos decir, que esta mujer «a partir de la maternidad, pasa del narcisismo (ser amada por su esposo), a amar un objeto que es una parte de ella (falo) y una parte separada de ella (hijo)» [6]. Su matrimonio le había dado seguridad, tranquilidad. «era Julio quien amaba, ella se dejaba amar, Julio quien suplicaba, ella quien concedía…..Entre ellos había quedado establecido desde el principio que él iría tras ella, pasase lo que pasase…» (pag. 94). Pero ahora Julio le resulta extremadamente aburrido y no puede apartar de su mente a Ulises, su amante negro.

Gloria, una mujer de cuarenta años, que se piensa «una madre añosa» (pag. 93) y que descubre que su cuerpo «había cambiado de forma, se ensanchaba y tendía a caer»(93). Ella que, paradójicamente, había deseado tener un hijo de su esposo; si bien había tenido amantes pasajeros. Ahora se encuentra dividida entre la maternidad y el deseo, mientras que no puede resolver qué hacer con su matrimonio.

La aparición de Ulises, «su olor, su temperatura, la despertaron del letargo….¿Se ha vuelto loca?…..cierra los ojos y se deja llevar. Y entonces su cuerpo se pega al de Ulises, siente cómo esas manos grandes se deslizan desde la espalda a la cintura, de la cintura a las nalgas, no puede contenerse, no puede escapar, arriba y abajo, arriba y abajo, intenta separarse, no nunca, nunca un hombre la ha tocado así» (pag. 80). Pensaba todo el tiempo en Ulises, «fluctuando entre el dolor y el placer» (92)

De esta manera, Gloria ubica a su cuerpo, no solo desde la consistencia imaginaria de la forma sino que esta funciona como agujereada a partir de las zonas erógenas que el Otro logra delimitar y que le permite descubrir un goce anteriormente desconocido.

Ella, que creyó cuando nació su hijo que no necesitaría a nadie más, se ve impelida al encuentro con su amante y «emulando a su madre, sin darse cuenta», se pone flores en la melena rubia.

La autora ubica el dilema de Gloria, por la vertiente de la repetición. Jamaica que es una amiga de la madre de Gloria, había guardado un secreto que decide revelarlo a Julio. Su amiga no había muerto sino que se había ido con otro hombre y había dejado a su hija, después que su marido adinerado y viejo muere.

Entonces, podemos ubicar en la estructura ficcional de esta novela cuatro personajes: mujer, marido, amante e hijo, en dos situaciones similares. Una pasada, que representa la novela familiar de Gloria, y la otra presente que constituye el drama actual de la protagonista. En ambas la mujer aparece como un enigma, tanto para los hombre cono para ella misma, ¿qué quiere esta mujer que tiene un hijo que no es ubicado como metáfora de amor a un hombre?

Gloria, sin saberlo, está repitiendo la historia de su madre y este desconocimiento parece conducirla al mismo destino. Planteo que se acerca al concepto freudiano de síntoma, al considerar a éste, como la repetición de algo desconocido que implica la presencia de algo viejo que sigue activo.

Dicho en otras palabras podemos decir que para el psicoanálisis, todo síntoma conlleva algo antiguo no sabido, que solo si se desanuda, permitirá encontrar algo nuevo, lo singular que cada quien deberá inventar. Mientras que los síntomas sociales surgen del culto a lo nuevo, de la exigencia de lo nuevo, que como subraya Miller, indican la nueva forma del malestar en la cultura.

Este culto supone la valoración de la juventud como un síntoma de la cultura de hoy y por ende el rechazo frente al envejecimiento. La protagonista, se siente una mujer añosa con un cuerpo viejo.

Por otra parte, la sexualidad, no solo se ha transformado en un discurso publico, sino también es objeto de atención de especialistas (sexólogos, terapeutas de pareja, etc.), evolución en donde el psicoanálisis, los feminismos, el discurso de derechos humanos, así como el discurso liberal han estado involucrados.

Hoy el derecho sexual se añade a la lista de derechos humanos, transformando las coyunturas desde donde las mujeres desean.

Para concluir, podemos decir, que la significación de los síntomas, no es la misma, en las mujeres contemporáneas que en las mujeres del siglo XIX. Estas últimas, con seudónimo y en un lugar de excepción, reclamaban la equiparación de derechos tanto familiares como laborales y planteaban como alternativa frente a la intromisión de aquellos hombres que gozaban de sus cuerpos como «una maquina, un lindo molde», la masturbación, el amor libre.

Mientras que hoy, las mujeres que pueden hacer oír su voz, no solo se han familiarizado con el órgano viril como instrumento de goce, sino que algunas aman por un lado y desean o gozan por otro. Lo que permite afirmar que la convergencia sobre el mismo hombre se realiza como una «elección» entre otra.

Además, la maternidad, que ha pasado a ser un derecho y no un deber [7], puede, para algunas mujeres, disociarse del matrimonio.

Pero, este cambio, en lo que Lacan llama la envoltura formal de los síntomas, no implica, para el psicoanálisis, un cambio radical al estilo de las utopías New Age, que prometen algo totalmente nuevo; sino que por el contrario el síntoma conlleva para el psicoanálisis algo antiguo que provoca efectos y que solo si se desanuda podrá surgir lo nuevo.

De esta manera, como señalo Enrique Acuña en su curso, hay que distinguir la eficacia de la literatura que se produce cuando provoca la implicación del lector en la intriga; de la eficacia del psicoanálisis que propone la lectura del inconsciente para la producción de una significación nueva. Ambas producen efectos pero de distinta índole.

Finalmente, podemos precisar, que a nivel simbólico (lenguaje en tanto universal), hombres y mujeres son iguales, en tanto sujetos del significante, ambos están sometidos a el y es desde esta vertiente que se puede hablar de mujeres contemporáneas. Pero «en la relación sexual, son las particularidades las que resultan excitantes para algunos, no para todos» [8] y es aquí donde se capta que «no existe», no hay relación sexual pero si hay relación con el sexo. Es decir que cada uno alcanza al Otro desde su goce singular, desde el significante amo al que cada uno se prende. Goce al que Freud llamo fálico.

Pero a lo que Lacan llama «mujer», es aquel sujeto que mide su goce con algo mas que la castración, es aquel que puede prescindir de la función fálica, justamente porque no hay relación sexual, porque entre uno y otro hay malentendido y entonces puede haber Otro goce. Entonces la mujer no toda, definida por el goce otro, no contable, nunca puede ser pensada como moderna, ya que se presenta desde lo que se denomina el eterno femenino.

NOTAS:

(1) Masiello Francine compiladora LA MUJER Y EL ESPACIO PUBLICO El periodismo femenino en la Argentina del siglo XIX.

(2) Musachi Graciela MUJERES EN MOVIMIENTO. Eróticas de un siglo a otro. Ed. Fondo de Cultura Económica. Año 2.001. Pag. 68

(3) Morel Genéviève Valores de mujer. Trabajo presentado en las 2das Jornadas del Seminario Hispanoparlante «Mujeres Contemporáneas. Psicoanálisis y Cultura.

(4) Lacan La significación del falo en Escritos 2

(5) Obligado Clara, Salsa

(6) García Germán La sublimación, los textos de Freud en libro Psicoanálisis una política del síntoma. Pags. 65, 66

(7) Musachi Graciela Idem 2, pag. 66

(8) Musachi Graciela Idem 2, pag. 94

BIBLIOGRAFÍA:

  • Acuña Enrique: Curso Eficacia del psicoanálisis, leer escuchar, escribir, transmitir. Año 2.002
  • Lacan Jacques: Seminario IV
  • Miller El síntoma y el cometa. Tres conferencias brasileñas sobre el síntoma.

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