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La utilidad de la repetición en la experiencia analítica

La repetición es un concepto con tradición filosófica, ligada en un primer momento a los fenómenos de la naturaleza los cuales permiten rastrear una regularidad constante emparentada con una cierta armonía, más conocida como la “circularidad del eterno retorno” (1). Con Hegel se produce la introducción de una diferencia, el Espíritu como “segundo tiempo de la reinteriorización de la Idea en el seno mismo de la repetición fenomenológica de su propia experiencia de sí mismo” (2). El Individuo escapa a la repetición mecánica de la naturaleza por una verdadera mutación. El tiempo y la experiencia subjetiva dan lugar al recuerdo marcando así la diferencia. En Kierkegaard, la novedad supone un gusto por el detalle que en La Repetición la llama “actuar en tanto psicólogo” (3) será la conjunción del Individuo y la contingencia en un tiempo y espacio concretos es decir en su propia vida. En  La Repetición  Kierkegaard realiza una crítica a la reminiscencia Platónica y a la filosofía griega en general,  para esto tomará su propia experiencia de vida como revelador de la verdadera repetición. Una historia de amor abre y cierra la teorización del concepto. Al mismo tiempo que en un estilo muy particular no se pierde el desarrollo filosófico para al final decir su propia repetición.

De esta manera contrapone recuerdo y repetición en el amor: “Repetición y recuerdo constituyen el mismo movimiento, pero en sentido contrario. Porque lo que se recuerda es algo que fue, y en cuanto tal se repite en sentido retroactivo. La auténtica repetición, suponiendo que sea posible, hace al hombre feliz, mientras el recuerdo lo hace desgraciado, en el caso, claro está, de que se conceda tiempo suficiente para vivir y no busque, apenas nacido, un pretexto para evadirse nuevamente de la vida, el pretexto, por ejemplo, de que ha olvidado algo.” (4) Hasta interrogarse ¿Qué es la repetición?: “¿Es posible una repetición? ¿Qué significa? Una cosa, ¿gana o pierde al ser repetida?” (5) Kierkegaard nos lleva más allá del pensamiento a volver a repetir en la realidad concreta. Aunque se proponga repetir lo mismo en su retorno a Berlín la conclusión de Constantin, seudónimo elegido por Kierkegaard, será; “Lo único que se repitió fue la imposibilidad de la repetición” (6), encuentra una repetición-reproducción fallida. El recuerdo del primer viaje obstaculizó la repetición del segundo, quedando ligado así: “todo conocimiento es un recuerdo” a la versión negativa de la reminiscencia. Podríamos hacer una comparación con Recordar, repetir y re-elaborar freudianas dónde la experiencia, en este caso clínica pone en primer plano la necesariedad y lo incompleto de la rememoración: “Si nos atenemos al signo distintivo de esta técnica respecto del tipo anterior, podemos decir que el analizado no recuerda, en general, nada de lo olvidado y reprimido, sino que lo actúa.  No lo reproduce como recuerdo, sino como acción; lo repite, sin saber, desde luego, que lo hace.”… “¿Qué repite o actúa, en verdad? He aquí la respuesta: Repite todo cuanto desde las fuentes de su reprimido ya se ha abierto paso hasta su ser manifiesto: sus inhibiciones y actitudes inviables, sus rasgos patológicos de carácter. Y además, durante el tratamiento repite todos sus síntomas. En este punto podemos advertir que poniendo de relieve la compulsión de repetición no hemos obtenido ningún hecho nuevo, sino sólo una concepción más unificadora.” Freud en 1914 habla de compulsión a la repetición pero aclara también que no habría ninguna novedad al respecto. En 1920 con la introducción de la pulsión de muerte redefinirá el concepto, la pulsión ligada a la repetición apunta a restaurar un estado anterior que muestra su carácter demoníaco.
Pero volvamos a Kierkegaard y a su repetición fallida ¿esa será su posición última? ¿la imposibilidad de volver a repetir?, en la segunda parte del libro y con otro modo literario, transcripción de cartas del joven enamorado del cual nuestro autor había sido su confidente, la solución quedará del lado de la dimensión religiosa, dejando a un costado las dimensiones estéticas y éticas, al confrontarse con la pérdida de la muchacha ya que se ha casado con otro hombre, la posibilidad será la trascendencia según el modelo bíblico de Job: “¡Oh Job, déjame unirme a ti con mi dolor! Yo no he poseído las riquezas del mundo, ni he tenido siete hijos y tres hijas,    pero también el que ha perdido una pequeña cosa puede afirmar con razón que lo ha perdido todo; también el que perdió a la amada puede decir en cierto sentido que ha perdido a sus hijos y a sus hijas; y también él que ha perdido el honor y la entereza, y con ellos la fuerza y la razón de vivir, también él puede decir que está cubierto de malignas y hediondas llagas.”
“La grandeza de Job, por consiguiente, no consiste en que dijera aquellas palabras tan
conocidas: «El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó. ¡Alabado sea su nombre!»; palabras que por cierto dijo al principio y luego no volvió a repetir nunca. No, la significación enorme de Job está en que en las luchas que el hombre debe sostener para alcanzar los confines de la fe él agotó y resistió hasta lo último todas las dificultades que semejantes luchas comportan. O, dicho de otro modo, su significación está en que representa en el momento de la desgracia una grandiosa insurrección de todas las fuerzas más violentas y rebeldes del apasionamiento humano.” “Esta categoría de la prueba no es estética, ni ética o dogmática, sino totalmente trascendente” (7). De este modo el joven encuentra un modelo que le da un sentido a su pérdida, en cuanto el casamiento de su amada lo confrontó con la verdadera repetición: “¡Se ha casado! No me pregunte con quién, porque no lo sé. Cuando leí la noticia en el periódico me pareció que un rayo me fulminaba la cabeza y el periódico se me cayó de entre las manos. Desde entonces estoy un poco aturdido y no he sentido ninguna impaciencia por enterarme de más detalles. Con esto he vuelto a ser otra vez yo mismo. He aquí la repetición. Ahora comprendo todas las cosas y la vida me parece más bella que nunca. En cierto sentido esto también ha surgido en el horizonte como una repentina tormenta, aunque es a la magnanimidad de ella a la que debo agradecer que descargara y lo arrancara todo de cuajo.” (8)(9)
Esta reprise que nos propone Kierkegaard está emparentada con una renovación espiritual, ya que a Job, su modelo, no le son devueltos sus hijos sino su propia renovación, es decir la afirmación del ser en su singularidad. No olvidamos que Kierkegaard es ubicado como uno de los precursores de la corriente filosófica del existencialismo. Ahora bien, ¿Es por esta razón que Lacan en El Seminario 11 nos recomienda que leamos La reprise de Kierkegaard? ¿Es la misma repetición la que luego desarrolla en su Seminario? A través de una historia de amor Kierkegaard inventa una nueva forma de la repetición, ¿cómo se relacionan la reprise y el amor? En principio este Seminario presenta a la repetición como “encuentro fallido” diferenciándose del “eterno retorno de lo reprimido” será entonces Necesaria a la estructura, se refiere aquí a las categorías de lo Necesario y Contingente de Aristóteles, en conexión con el objeto perdido freudiano y la vivencia de satisfacción en el desciframiento del inconciente, hay una diferencia entre lo encontrado y lo esperado de allí el fracaso. Esta versión le sirve a Lacan para pensar otro inconciente, un inconciente que tropieza, no-realizado, en potencia, y fundamentalmente en relación a una causa. Allí hará su entrada la repetición en tanto automaton y tyché que fueron estimulados por la introducción del objeto a. Los cuatro conceptos fundamentales, inconciente, pulsión, transferencia y repetición serán redefinidos en relación a este objeto causa. Para Lacan el objeto no existe, esto marca su diferencia radical con los postfreudianos por lo tanto no se trata de recuperarlo. La repetición empuja hacia delante, crea al objeto, en este punto habría una similitud con la reprise de Kierkegaard.
“La repetición, entonces, no ha de confundirse con el retorno de los signos, ni tampoco con la reproducción o la modulación por la conducta de una especie de rememoración actuada. La repetición es algo cuya verdadera naturaleza está siempre velada en el análisis, debido a la identificación, en la conceptualización de los analistas, de la repetición y la transferencia. Cuando, precisamente, hay que hacer la distinción en ese punto.” Y mas adelante :“La función de la tyché, de lo real como encuentro -el encuentro en tanto que puede ser fallido, en tanto que es esencialmente, encuentro fallido- se presenta primero en la historia del psicoanálisis bajo una forma que ya basta por sí sola para despertar la atención- la del trauma.” (10). En Kierkegaard su tyché definida mas bién como el instante de un encuentro fue el que quiso conservar en su memoria dándose cuenta de la imposibilidad de dicha empresa, es decir la imposibilidad de recuperar el encuentro primero. El encuentro con su amada, Regina Olsen tuvo el carácter de trauma, conmociona su vida cotidiana produce un quiebre que conlleva una decisión, marca un antes y un después. Lacan toma la versión positiva de la repetición en Kierkegaard, el sello que marca una particularidad. El sacrificio de perder a su amada y esta constante sacrificial en otras obras de su autoría da como resultado una definición de que es ser cristiano. La repetición queda ligada así al sacrificio y a un Otro que pide el sacrificio.(11) La repetición en Lacan se separa de este sentido religioso confrontando al sujeto a la inconsistencia del Otro, una falta encarnada por el objeto a, que dará lugar al deseo.
En la experiencia analítica la repetición, bajo transferencia, sirve para poner en primer plano las condiciones del objeto de amor del analizante, en un primer momento “eso” que forma parte del fantasma dirige la elección del partenaire, a través de un recorte en el Otro del objeto al que Lacan llamará agalma. Mas adelante la repetición quedará relacionada con el goce y el rasgo unario, como una marca que tiene efecto de goce. El significante como causa de goce tiene una incidencia en el cuerpo. La inscripción del significante en el cuerpo produce la mortificación, el significante mata a la cosa, pero también un plus de gozar, es decir la felicidad de la pulsión, y esto es lo que Lacan llama el síntoma que “determina el régimen de goce del ser hablante” (12).  La madre enseña hablar al niño y con esto introduce una pérdida, lo hace demandar, pedir, inscribiendo así las primeras experiencias de goce que quedaran ligadas al amor, pensándolo desde la mítica primera vivencia de satisfacción freudiana.
En el análisis la aparición de la tyché en el automaton significante está en relación a la presencia del analista, el encuentro que sale del programa establecido cada vez, es la posibilidad de la escansión de lo dicho en un análisis. “En el inicio se produce la metáfora que hace del analizante, en un principio amado, un amante. El amante sustituye en el inicio al amado. Amante quiere decir: alguien que va a demandar en especial el amor.” (13) La maniobra de la transferencia será introducir una disimetría, del enamoramiento primario al amor desdichado para que pueda desplegar su demanda y así poder recortar qué se demanda, los rasgos que marcan sus objetos, la construcción del fantasma. Del lado de las satisfacciones, el analista quedará reducido, cada vez más al objeto: “es la persona a la cual se va a oír, cagar, extenuar…”. “El atravesamiento de un amor” en el  final de un análisis será el duelo por ese amor que sirvió a la causa: “La asunción de la castración no deja promesa alguna de una castración sellada; en cambio el duelo del analista y del objeto que presentificaba deja abierta para el sujeto la posibilidad de los encuentros futuros, los encuentros pulsionales. Digamos que, de este modo, el amor no se le cierra sino que, antes bien, se le abre” (14)
 
 
Notas
 
(1) Lacan y Kierkegaard, Rodolphe, Adam
(2) Idem 1
(3) La Repetición, Soren Kierkegaard
(4) Idem 3
(5) Idem 4
(6) Idem 5
(7) Idem 6
(8) Idem 7
(9) El Seminario 11, Jacques Lacan
(10) Idem 9
(11) Según Rodolphe Adam haciendo referencia fundamentalmente a Temor y temblor y el drama de Abraham. Al respecto Enrique Acuña en su intervención “Conclusiones y problemas. Destino: la nueva posición” en estas mismas Jornadas realiza una interesante diferenciación de los diferentes objetos que se podrían deducir de las tres Obras de Kierkegaard: La Repetición, Temor y Temblor y El concepto de la angustia.
(12) “En este sentido, el atravesamiento del fantasma era concebido como la desinvestidura del fantasma; pero esto no resuelve nada precisamente porque la libido de Freud es una cantidad constante. Por lo tanto, si ella se retira del fantasma, ¿Dónde va a investirse? Esta es la verdadera cuestión del pase.”(…)”Ninguna desinvestidura puede impedir que permanezca el modo de gozar, el síntoma como modo de gozar” El hueso de un análisis, Jacques Alain Miller
(13) La repetición en la experiencia analítica. C. Soler
(14) Idem 3
 
 
Bibliografía
 
- El hueso de un análisis, Jaques Alain Miller. Editorial Tres Haches
- Las paradojas del objeto en psicoanálisis, Compilador Enrique Acuña. Editorial Eudeba
- Lacan y Kierkegaard, Rodolphe Adam. Editorial Nueva Vision
- El Seminario 11, Jaques Lacan. Editorial Paidós
- La Repetición, Soren Kierkegaard
- La repetición en la experiencia analítica, Colette Soler. Editorial Manantial