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Freud: escritura y control

Es sumamente prolífica la producción escrita que Freud ha dejado. Textos que no sólo han sido y son valorados por gente interesada en el psicoanálisis, sino que invita a ser leída por personas sensibles a las letras.

Pero no son sus cualidades como escritor las que me interesan reasaltar en este trabajo, sino qué posiciones tenía Freud frente a su escritura y a la escritura de sus “discípulos”.
La extensa y variada correspondencia que Freud mantuvo con diferentes personas evidencia su entusiasmo por difundir el psicoanálisis y la necesidad de desentrañar y explicitar, en el discurrir de su escritura, su posición política y clínica.
Su lugar como inventor de una experiencia clínica inédita, provoca en Freud una constante revisión crítica. El contrapunto entre la experiencia clínica y la teoría que va elaborando tiene interesantes y variadas aristas que evidencian la revisión de sus propias ideas y conlleva también el control a sus discípulos.
 
Podemos decir que Freud no hizo explicita una teoría del control, pero sí supervisó a sus discípulos, principalmente, utilizando la correspondencia.  
Freud incluye al control en la experiencia analítica cuando indica en 1919, (momento en el que los estudiantes querían incorporar el psicoanálisis a la universidad), “En cuanto a su experiencia práctica, aparte de adquirirla a través de su propio análisis, podrá lograrla mediante tratamientos efectuados bajo el control y la guía de los psicoanalistas más reconocidos”. (1)
El control nace con el psicoanálisis mismo, como una necesidad del analista. Inscribiéndose rápidamente, -como indica Graciela Musachi (2)-, en las disputas político- institucionales entre Viena y Berlín (1920 y 1925) que fueron delineando perspectivas diferentes frente a la manera de cómo entender el psicoanálisis.
Mientras que Berlín con Gitingen concebía al control como la transmisión de una técnica introduciendo la división analista supervisor - analista instructor, Freud considera al control como un dispositivo que no debía ser ajeno al dispositivo analítico.
 
En este breve trabajo, consideramos a Freud supervisando a tres allegados: Jung, al padre de Juanito y a Edoardo Weiss.
Con el primero, como ustedes saben, las cosas terminan mal. El intercambio epistolar entre Freud y Jung se extendió entre 1906 hasta el año de la ruptura 1913.
Tomaré sólo una carta de Jung y la respuesta de Freud fechadas en abril de 1909, luego que Jung visita a Freud en su casa.
Jung en su carta habla del rechazo que evidencia Freud por su espiritismo y de cómo lo ha impresionado una paciente suya. Al respecto escribe: “Yo tenía la sensación de que debía existir en ella un complejo muy especial, de índole general y que tiene que ver con tendencias prospectivas humanas. Si existe un psicoanálisis, ha de existir también una “psicosíntesis”, que cree futuro con arreglo a leyes análogas. […] El salto a la psicosíntesis se realiza a través de la persona de mi paciente, cuyo inconciente, precisamente ahora y al parecer de un modo incoercible, se prepara ahora para una nueva retirada típica, en la que casi desde fuera se ajusto todo lo correspondiente a complejos […]
Freud, con una ironía cortés, no tarda en responder y en replicar la posición de Jung con un ejemplo de su propio análisis, en donde su superstición lo conduce por caminos diametralmente opuestos a los propuestos por Jung y que consiste en un análisis interpretativo de su inconsciente.
Con la frase yo le hablo de otra cosa, intenta desligar todo lazo posible del psicoanálisis con el ocultismo.
Freud relata la convicción que tenía en creer que iba a morir a los 62 años. Esta convicción se le torna inquietante cuando viaja a Grecia y encuentra que el número 61-62 se repite en diferentes ocasiones en especial en los medios de transporte. El ansia de saber y la falta de creencia en la superstición, precipitaron en Freud el siguiente análisis: “(…) en el año 1899 (…) coincidieron dos acontecimientos. En primer lugar, escribí La Interpretación de los sueños (que apareció con la fecha 1900), en segundo lugar, me asignaron un nuevo número de teléfono, que conservo hasta ahora: 14362. Se puede establecer fácilmente algo común entre ambos hechos, en el año 1899, cuando escribí la Interpretación de los sueños tenia yo 43 años. ¿Qué más fácil sino deducir entonces que las otras cifras deberían significar el final de mi vida, y por lo tanto 61 o 62? De pronto se introduce el método de la locura. La superstición de que habré de morir entre los 61 y los 62 años aparece como equivalencia a la convicción de que con la Interpretación de los sueños he culminado la obra de mi vida, de que no es preciso hacer nada más y puedo morir tranquilo. Estará usted de acuerdo en que tras esta sustitución la cosa no suena ya tan absurda”.
Encontramos, entonces, dos formas de tratar lo que ha impresionado poderosamente a Jung y lo que se torna inquietante para Freud. Jung intenta rápidamente dar una respuesta a lo real que lo perturba remitiéndose a la psicosíntesis; Freud le advierte: mantenga su mente lúcida y serena y que prefiera renunciar a entender algo, a no hacer grandes sacrificios al entendimiento.
Para Freud es necesario dejar abiertos interrogantes. Y ubicándose él como ejemplo,  contextualiza sus asociaciones significantes e interviene ubicando un método de investigación que denomina delirante.
 
En el mismo año (1909) Freud publica, “Análisis de la fobia de un niño de cinco años”, el caso Juanito. Como ustedes saben la madre de Juanito había sido paciente de Freud y fue por su intermedio, que el padre de Juan conoce a Freud. Los padres de Juan, que tienen conocimientos sobre algunos aspectos de la teoría freudiana, deciden educar a su hijo sin mayores restricciones. Y el padre, siguiendo las recomendaciones que Freud hace a sus allegados en esa época, compila observaciones sobre la vida sexual de su hijo, aún antes que la angustia de éste aparezca. 
 
Este caso es un testimonio que precisa aún más el papel de Freud como supervisor. En la Introducción, Freud escribe: “Es cierto que he orientado el plan del tratamiento en su conjunto, y hasta intervine personalmente una vez en una plática con el niño, pero el tratamiento mismo fue llevado a cabo por el padre del pequeño (…)”.
En el punto II, “Historial clínico y análisis”, Freud insiste en el uso del saber en la practica analítica con la necesidad de no comprender demasiado rápido un caso y provisionalmente dejar nuestro juicio en suspenso para prestar una atención pareja a todo lo que hay que observar.
Ahora bien, frente al desarrollo de la angustia del niño, Freud conviene con el padre qué decir a Juanito y cuándo. Primero sobre el significado de su angustia. El padre transmite una construcción que alivia al niño. Otro día, la intervención introduce la falta en el Otro, esclarecimiento que no conmueve inmediatamente a Juan.
Cuando el padre no sabe qué hacer pide a Freud una consulta y es ésta la única intervención directa de Freud con el niño. Intervención edípica que si bien no libera al niño totalmente de la angustia, sí le permite expresar sus producciones inconcientes y desovillar su fobia
Pero como indica Freud, el padre pregunta demasiado e incluso confronta los dichos de su hijo con la realidad, situación que fastidia al pequeño y que al modificarse permite que Juan prosiga su análisis con exteriorizaciones autónomas.
Ahora bien ¿qué tipo de control se pone en juego? Las anotaciones del padre, ¿son en alguna medida una reconstrucción que permite a éste ubicar con mayor precisión los puntos oscuros de la experiencia?
Si consideramos al control, como indica Miller, como una manera de trasladar la experiencia clínica a una situación con otra convención (3), nos encontramos que la escritura, en este caso la correspondencia, es una convención particular que permite la extracción del objeto de estudio.
 
Pero es quizás en La correspondencia Freud – Weiss donde se evidencia con mayor exactitud la faceta de Freud como médico de consulta. Correspondencia que se extiende desde 1916 el año 1935.
Edoardo Weiss, nacido en Trieste Italia, es el traductor de algunas obras de Freud al italiano, y el principal promotor del psicoanálisis en su país.
En esta correspondencia nos encontramos con los efectos de las operaciones de Freud como supervisor. La variedad de casos relatados por Weiss, y la diversidad de orientaciones, interpretaciones y sugerencias dadas por Freud que van desde desaconsejar el análisis de una persona hasta alentar la prosecución de tratamiento de una paciente, que aparentemente no evidencia ningún cambio, hablan de la posición particular que un analista debe asumir en la transferencia.
Las palabras de Freud frente a la consulta sobre una paciente: quiero tan sólo decirle lo que me parece del caso y lo que, por experiencia haría, sin comprometerlo a usted en nada. Son tomadas por Weiss como una interpretación que implica al analista como el único responsable de su acto.
Alejado de las ciencias humanas, Freud con un lenguaje franco, opina del Dr. A. Creo que es un caso malo, nada adecuado para el libre análisis. Para ello le faltan dos cosas (…). Ambas deficiencias coinciden con una sola, en la formación de un yo monstruosamente narcisista, ególatra, impermeable a toda influencia, (…) Opino pues que no serviría para nada que él acudiese a mi o a algún otro para un tratamiento analítico.
A Freud, -como indicó E. Acuña (3) en el curso de este año- , le interesaba la ciencia pero no la ciencia humanista sino la ciencia conjetural, aquella que requiere del après coup para verificar o no la verdad histórica de cada persona.
En 1937, Freud se detiene en la experiencia analítica intentando cernir la operación del analista. Ya no se trata del descubrimiento del inconciente como se evidencia en la carta que Freud escribe a Jung en 1009, sino de ubicar las dificultades y las pertinencias de aquel que dirige un tratamiento.
Este pasaje queda plasmado en la correspondencia Freud Weiss, en donde se barajan las construcciones del analista en consonancia con  la enunciación del paciente.
Para Freud la construcción del analista debe tocar los recuerdos reprimidos del analizado. Estos recuerdos aparecen en muchas oportunidades como alucinaciones en donde retorna algo vivenciado que la persona vio u oyó en edad temprana o como formaciones delirantes en donde aparece el extrañamiento respecto de la realidad y de sus motivos y el cumplimiento de deseo sobre el contenido del delirio.
Es decir, para Freud la verdad histórica vivencial del paciente es fragmentaria y tiene un método delirante que se presenta equivalente a las construcciones que el analista realiza en un tratamiento analítico.
Como decíamos, lo que le interesa a Freud es una ciencia conjetural, donde el caso particular se transforma en paradigma y el control se inscribe principalmente como control de las construcciones del analista.
Para Lacan en 1953 (5), el controlador manifiesta una segunda visión que desempeña el papel de filtro que le permite leer los diferentes registros del discurso del controlado. Y considera que el mejor fruto de esta experiencia de control es que el propio controlado pueda sumir el mismo la posición de subjetividad segunda en que la situación pone de entrada al controlador.
Entonces, en momentos en donde el psicoanálisis se esta construyendo nos encontramos con un modo particular de control que introduce a la escritura y no el relato hablado como tercero.
Por su parte Freud conduce a sus discípulos al encuentro con la dificultad del caso, al resto sin solucionar mientras que Lacan, al supervisar hace uso del tiempo, reduciendo algunos controles al uso de éste. Épocas diferentes que obligan a los analistas a reinventar el psicoanálisis, no sólo en consonancia con el caso particular, sino también acorde a la época y cultura.   
Para finalizar me interesa indicar que la escritura no sólo funcionó para clarificar a los analistas de la época sino que también tuvo -como rescata Colette Soler de Lacan (2)– “Valor de control” para el propio Freud. Un Freud inscripto él mismo en la experiencia clínica inédita que el inventó como analizante y como control.
 
 
 
Notas
(1) Freud S. “¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la universidad?” (1919[1918]). Tomo XVII. Amorrortu editores.
(2) Musachi Graciela   “Freud as a consultant” en revista Uno por Uno N º 39. Año 94. Edición Eolia (Barcelona Buenos Aires).
(3) Miller J. “El banquete de los analistas” Cáp. XXII, El fin de análisis, apartado: Pase y control. Editorial Paidos. Año 2.000. Bs. As.
(4) Acuña Enrique, Curso Anual inédito 2.009 “De la insistencia a la existencia”
(5) Lacan J. “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis” en Escritos 1 Pág. 243. Ed. Siglo XXI. Buenos Aires, 1985.
 
 
Bibliografía
- Correspondencia: Sigmund Freud, Edoardo Weiss “Problemas de la práctica psicoanalítica”. Director Serie Oscar Masotta. Mayo de 1979 Barcelona.
- Correspondencia: Sigmund Freud Carl Gustav Jung. Ediciones de William McGuire y Wolfgang Sauerlander. Versión española de Alfredo Guera Miralles. Taurus Ediciones, S. A. 1978 Madrid.
- Freud S. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años (el pequeño Hans)”, (1909). Tomo X Amorrortu editores
- Freud S.”Construcciones en análisis”, (1937). Tomo XXIII Amorrortu editores.