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La presentación de casos: usos y efectos

Prólogos de enseñanzas

La idea de presentar un comentario sobre “relatos de enseñanzas y presentaciones clínicas” del costado de la actividad de Enseñanzas de la clínica  de la APLP compromete entre otras cuestiones, detenerme en decir de qué se trata específicamente la actividad de Enseñanzas. Y cuando se asiste a pensar las líneas que pueden componer este comentario, se advierte hasta que punto están implicadas las cuestiones que hacen a la formación de los analistas y en consecuencia, agregaría, las cuestiones que hacen a la autorización de los analistas en su práctica.
Primeramente hay que decir que se trata, como dije, de una actividad de la APLP que definimos como “cerrada” en tanto que de ella participan aquellos analistas practicantes que están dispuestos a verificar los efectos de su formación por medio de la presentación de casos.
En esta actividad de la que en este momento soy responsable y en la coordinación está Gabriela Rodríguez, cuenta con el asesoramiento de Enrique Acuña, también funciona un consejo clínico compuesto por los integrantes de la comisión de enseñanzas de la clínica, cuya función es la de leer anticipadamente los casos a presentar, para luego con una devolución, apuntar a la rectificación del relato, lo que como lo hemos venido  indicando, ha dotado de entusiasmo y nitidez a la discusión clínica.
Ya el nombre, Enseñanzas de la clínica, da cuenta de la fundamentación de la actividad en la idea de una ‘apuesta’ de enseñanza sobre la clínica analítica. La presentación de casos se constituye en sí misma en la posibilidad de extraer una enseñanza, en tanto, como aparece expresado repetidamente en referencia a esta actividad, el movimiento que va  del uno por uno de los casos al todo de la doctrina y viceversa, nos da la eventualidad de interrogar la teoría y no solo elevarlos como confirmación de la misma. (1) Camino en el que nos embarcamos comprometidos en una política de enseñanza, de formación y de transmisión de la que da cuenta la orientación lacaniana y en el deseo de elucidar la clínica analítica.
Atendiendo a este compromiso, hacemos de la presentación de casos un motivo de investigación que partiendo del detalle clínico, es decir de lo más particular, nos orientamos en la posibilidad de deducir una política del síntoma.
Es por ello que, no intentamos establecer ninguna presentación clínica-tipo o de inventar la lengua clínica-única, ya que entendemos el caso como el recorte que el practicante decide hacer y en consecuencia, en íntima dependencia de quien lo hace. Concebimos –siguiendo la enseñanza de J. Lacan-, la presentación de casos como una exposición argumentativa donde se trata de revelar una lógica, una particularidad, es decir, la puesta en forma de la hipótesis del analista. Muy lejos de instituir un modo de narrar el síntoma y mas cerca de la demostración de las diversidad de las formas de arreglárselas con el real en juego en cada caso. Por esto, y luego de irnos esclareciendo nosotros mismos en esta actividad, no imponemos un eje temático de presentación.
Ahora bien, en la presentación de un caso, no sólo hay explicaciones que muestran la hipótesis en juego, sino que también el analista da cuenta de que el autorizarse en sí mismo es sólo una impostura. El analista se expone él dando cuenta a otro de su acto. Por supuesto que no se trata de algo que se verifique de a dos o mas personas, sino que está el psicoanálisis funcionando como tercero, ya sea en la práctica necesaria  del control, de la que los casos dan cuenta, o de la exposición pública en cuestión.
Sin irme demasiado de tema, cabe  detenerse unos segundos para decir que la práctica analítica tiene al control como uno de sus pilares fundamentales en tanto poder trabajar en él las dificultades del caso y los callejones sin salida transferenciales. Por eso me referí al control como algo necesario. Sin dejar de aludir que no se controla el caso sino el acto del analista.
Un analista se autoriza en su formación, un analista proviene de su formación y si bien tampoco hay formación-tipo, porque la formación tiene  la dimensión del uno por uno y por eso no hay “teoría de la formación”, ella es ‘efecto’ de un  recorrido que lo diseñan  el análisis,  los seminarios,  las lecturas, y las exposiciones de casos y el control.
Es por todo esto que consideramos la actividad de Enseñanzas una pieza fundamental para la transmisión del psicoanálisis, como así también un aspecto importante de la formación del analista, ya que en su exposición al control público de su acto –sin pretender abusar o mal emplear el término control-, muestra la implicación del analista en su práctica.


¿Qué “uso” de la presentación de casos en la APLP y cuáles son sus efectos?

Se tratará más bien de hacer de esta pregunta el ‘detalle’ de la presentación.
Para ello, me pareció que se trata además de pensar en cómo se realiza la construcción de un caso y su transmisión, a la que intenté referirme anteriormente, sino también en detenerse a pensar si esta actividad funciona como espacio de autorización en nuestra práctica. De hecho año a año los que están iniciándose en la práctica del psicoanálisis que son miembros de la APLP van solicitando paulatinamente su inscripción en la actividad. Lo que podría tomarse como un efecto de verificación de cierto lugar de autorización, si se quiere apoyándose también en la inexistencia de pedidos de dejar de pertenecer a esta actividad.
Sabemos con E. Laurent que "El relato del caso comporta formas regladas en las diferentes comunidades de trabajo psicoanalíticas (...). Pero es en la diferencia con relación a esos modelos como la cualidad del trabajo de cada analista, su presencia, se hace escuchar. El caso clínico es, también a este respecto, inscripción y diferencia". (2)
Cual es la manera en que nosotros transmitimos un caso? Hablamos que no hay y no perseguimos el ideal de transmisión, cómo damos cuenta de un caso entonces? Indudablemente hay que retomar aquí un punto ya introducido que es que el caso no puede ser objetivo y se trata de una construcción que contempla la imposibilidad de decirlo todo. La manera de organizar, por decirlo de alguna forma, esa transmisión, está dictada  por el momento que “ese” analista atraviesa en su práctica. El analista está entonces en un primer plano y la construcción que hace testimonia de su posición. De allí que, si bien el horizonte es pasar de la descripción a la explicación –como lo señalara E. Acuña en distintas oportunidades-, los inicios en la práctica determinan casos mas descriptivos para ir deslizándose al aspecto parcial de un tema teórico que ese caso confirma o discute o a un acontecimiento propio de la cura que ha despertado algún interés por ser presentado. Y ocasionalmente, y cada vez recibimos comentarios en este sentido, estas presentaciones inciden sobre la propia clínica de donde lo extrajimos –por la exposición y las discusiones que motivan-. Digo ésto porque también podríamos quedar entrampados, si no se verifican efectos, en ‘una autorización de pares’.


Otros efectos verificados

Tal como nos es presentada (por Freud), la construcción está a medio camino entre la interpretación y la teoría, por lo cual también debe dar cuenta del acto del analista. Tiene que servir para transmitir lo que el analista ha aprendido del caso, de su singularidad, de su particularidad en relación al saber constituido.
Insistimos en la orientación a lo real de la clínica psicoanalítica. Un abordaje coherente con esta orientación en dirección a lo real, supone la inclusión de la contingencia en la propia construcción. El tema que quizás es pertinente tomar es la interrogación que le cabe al psicoanalista en pos de considerar lo real en juego en la experiencia y el hecho mismo de ir al encuentro con ese real que se esquiva. Más allá que el analista lleva al analizante a  ese encuentro -sabemos que es de esperar que el analista tenga efecto de sorpresa, sorprenda lo traumático, es decir, lo real-, lo que intento introducir ese “ir al encuentro” del lado del analista –como una versión del deseo del analista- y como esta contingencia puede darse en el control. Y en esta dirección evidenciar que en las  presentaciones el control ha dejado de ser un ‘argumento de autoridad’ que impugna intervención alguna para pasar a ser el encuentro con eso que no estaba y que reformula el caso.
En tal sentido, atendiendo a la parte que ocupa el control en las presentaciones de casos de la APLP, voy a referirme a dos de las presentaciones realizadas en la actividad.
El primero, es el caso de una mujer que consulta por los problemas que tiene con su pareja (mayor que ella). Los celos de éste han hecho que esta mujer  modifique su vida de amistades, salidas, viajes. Todo lo deja de hacer por él. Su queja se dibuja en la excesiva ocupación que él tiene por sus 3 hijos (de un matrimonio anterior) lo que se convierte en el tema de diarias discusiones. En una historia de padecimientos vividos pasivamente se orientaron las intervenciones iniciales, en el intento de implicación subjetiva. La hipótesis  de inicio se construye en torno al papel causal que juega el ideal paterno del suicidio, acontecido años atrás al momento de la consulta, a los pocos meses que esta mujer se separa de su primer marido y padre de su hija. Tal ideal de “quiebre” se expresa en sus dichos en una coyuntura de una quiebra económica, con deudas y una madre que, al ‘no bajar su nivel de vida’, es acusada –secretamente- de causante de esa muerte. Junto a esto, la reivindicación por parte de esta mujer de una vida apasionada, con excesos, ‘sin grises’, ni intermedios: que se efectiviza en “a todo o nada”, señalando un goce que en frecuentes ocasiones se vuelve hacia ella como agresión, en respuesta casi inmediata a las discusiones de pareja. Su vida se ponía en juego de diferentes maneras, hasta en un intento de suicidio que le produjo serias complicaciones, del que señala: no podía soportar el dolor de vivir.
El analista decide controlar su hipótesis, no sin antes haber provocado efectos que trocaron la agresión mencionada en conductas reivindicativas -esto es ponerse reivindicativa en relación a los demás, pero no se agredirse-.
A partir del control se pone en juego no sesgar esta historia  en el costado de la identificación al ideal paterno y dirigirse a lo que se decía a medias que es la ’creencia en el poder de su madre’. Ese encuentro cambia todo. Lo no programado, ese nuevo dato, introduce un elemento aleatorio y abre la perspectiva del interrogante frente al acto paterno y junto a él el ‘vivir a full’ puede trocarse en un no destino.
Creo que, efectivamente, si la escritura del caso se hace a partir de un efecto de encuentro, esta presentación lo produjo, en el analista y en los oyentes.
En otro punto, de las reuniones de Enseñanzas la Sra. H nos convocó en dos oportunidades de su tratamiento analítico que llevaba más de diez años y donde el dar cuenta de las hipótesis que han ido guiando las intervenciones como asimismo, sus modificaciones o verificaciones en los controles ha alentado tal presentación. El analista explica inicialmente lo que el mismo nombraba, como un caso de disgrafía inorgánica, para luego y a partir de la orientación por el objeto de su propia modalidad de satisfacción, se vuelve “otra cosa”. Es en el impasse de esa “otra cosa” que los significantes que importan para el sujeto se van aislando y dibujando el trayecto, con recuerdos e identificaciones que marcaron su historia. Es de ahí que partimos, de una puesta en serie de aquello que compromete al analizante en el inicio de su inexplicable pérdida de la legibilidad de su propia escritura, en forma paulatina y esporádica, sin registro preciso de su inicio, ni del momento de la emergencia –como aparece se va- que al no precisar un elemento causal de organicidad es interpretado, causalmente, por la Sra. H como “psíquico”.
Es desde un afecto, la vergüenza, frente a un tema sexual –un encuentro homosexual- que el analista hace su “apuesta en espera” , distinguiendo que la vergüenza evoca una relación primaria del sujeto con el goce, que es interpretado  mas que como una “desorientación” como una precisión, en tanto toca lo más íntimo del sujeto. Y conjuntamente un significante que representa al sujeto: “rara” -mi síntoma es raro; escribo rarezas; seré rara?- que comienza a funcionar con una suposición de saber y el equívoco, el sinsentido, que conlleva, ya que el  “rara” se vuelve raro, ya no se sabe que nombra, y esto a partir de ser interpretado: “Ud. no es, se hace!!!” ,que apunta a la separación, a hacer notar, el goce que se extrae de ese significante.
En la construcción del caso, el analista transmite el trabajo del analizante bajo transferencia, mostrando la elaboración de saber que ha tocado el goce. Es por este “hacer” -hacer de hija como varón; hacer la rara, la homosexual; hacer la mujer incompleta, por no lograr tener un hijo a pesar de los numerosos intentos-, que las respuestas fijas a su “ser mujer” comienzan a desplazarse por la caída de esas atribuciones de valor y la consecuente pérdida de sentido.
Así el sujeto puede pasar de estar sometido al imperativo de goce, a articular ese goce con un significante que lo “ordena” y producir un saber sobre él, que en este caso emerge en el paso de la descripción de la “disgrafía” a una explicación de la expansión que va  desde la firma hasta los signos que representan la orientación sexual, y que retomó retroactivamente el “rara” plasmado en los garabatos, donde lo disgráfico era el soporte de la inconsistencia del sujeto ante la emergencia del deseo del Otro y lo inorgánico, aquello que del síntoma no podía ser captado por el lenguaje.
Se abre así una salida diferente que se comprueba en el pasaje que se da de una patología médica a un goce extraño que introduce en una experiencia de”otra cosa”. Nos dice además de una completud no lograda, de una falta que no es accidental: no se trata de mujer plena, ni de joven homosexual: en su modo de “ser mujer” perdura cierta “rareza” y esto compromete lo que el caso enseña.

Para finalizar, podemos decir que de nuestra formación como analistas somos siempre responsables. En este camino estamos a más de 10 años de presentaciones de casos en la APLP.

 

Notas
(1) Protocolo de Enseñanzas de la clínica (APLP)
(2) Laurent, E.: El caso, del malestar a la mentira

 

Bibliografía
- Freud, S.: Construcciones en análisis (1936)
- Miller, J.-A.: Marginalia de Milán. Construcciones en análisis. Febrero de 1994
- Laurent, E: El caso. Del malestar a la mentira. Texto publicado en La revue de la Ecole de la Cause freudienne n° 50.