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Soren Kierkegaard entre el mundo y Dios -del objeto de amor al de deseo-

"La ficción literaria provee de una especie de punto ideal"
Jacques Lacan, Seminario 10, Pág. 61
 
 
Kierkegaard y Lacan
 
Kierkegaard, el más agudo de los inquisidores del alma antes que Freud, según Jacques Lacan, también como él, sabe que no se trata de filosofía sino de literatura y las ficciones de las que se vale cumplen una función.
Cuando se lee a este autor danés, sus textos y lo trabajado en relación a su obra, prontamente aparece la idea del desarrollo de una verdadera teoría de la relación de objeto. Esto se puede seguir en sus elaboraciones acerca de la problematización del objeto de amor, que es lo que me interesa comentar, para diseñar las líneas que llevan a como el objeto de amor remata con el objeto de deseo. Y como Kierkegaard le sirve a Lacan en este punto.
Los desarrollos del Seminario X, La angustia, vienen a responder en la enseñanza de Lacan, al Seminario VIII, La transferencia, en el que encontramos los progresos comprometidos en torno al objeto de amor bajo la noción de agalma – la cosa preciosa, el brillo incluso-que siempre está dentro de algún continente (Sileno). El objeto parcial que hizo de Sócrates el objeto de deseo de Alcibíades, alcanzando la diferencia entre el semejante y el objeto que se le supone contener.
 La “trampa” del amor es que él adultera el objeto a haciéndolo agalma,. El Seminario X viene a destituirlo de ese lugar –(intencionalidad)- para ubicarlo a nivel de la causa –(condicionalidad del deseo)-. Sacando al deseo del régimen del amor y redefiniéndolo: se tratará de un mas acá del deseo, es decir de su causa, distinguiendo el objeto al cual el deseo se engancha de aquel al cual se dirige.
La idea que bordea estas sintéticas líneas es un amor lacaniano que se expresa –también sintéticamente-, en que ningún objeto le cabe al amor, el don esencial del amor es el amor mismo. El don esencial es la falta. El amor da los objetos pero como tal es sin objeto. Se fundamenta en dar aquello de lo que se está desprovisto y tiene esencia de engaño. (1)
 
 
Soren Kierkegaard
 
Con Kierkegaard se trata del objeto de deseo al que se accede por el objeto de amor de manera “indirecta” como lo hemos venido hablando en el curso de febrero de este año. Y eso no es sin angustia a la que le adjudica un “carácter intermedio” entre lo pasado y lo aún no sido -que corresponde al dominio de la inmediatez y se establece allí como la reflexión ideal de lo inmediato, el primer reflejo del espíritu o la idea en su conjetura instantánea-. Lo que nos hace aunar con lo expuesto por Lacan, precisamente la angustia como momento lógico, productora del objeto causa.
Como se ha venido diciendo también en distintos momentos la interrogación, podemos decir casi inicial de Kierkegaard, sugiere la posibilidad de pensar cómo amar prescindiendo del objeto (de amor) y las especulaciones al respecto se acompañan de ejemplos donde el amor verdadero es el que aleja el objeto o, en términos de Kierkegaard, el encuentro con el objeto está acompañado de un sentimiento de pérdida desde su fundación misma. Se puede seguir en dos de los trabajos reconocidos y de la misma época, 1843: Temor y temblor .- título que es metáfora que da nombre a su drama personal que pasa por el sacrificio de su objeto de amor y los desplazamientos a que da lugar- y La repetición –donde trabaja en torno al tema, tenacidad del amor, amor eterno-
Debo aceptar que todo está perdido!!! ,dice, inscribiéndose en la resignación infinita como una disposición activa a perderlo todo como condición ineludible para dejar atrás las ilusiones y falsas esperanzas, y poder así acceder a la afirmación ¡Sólo quien empuña el cuchillo salva a Isaac! Esta resignación infinita lejos de ser ese movimiento de resignación ante a una pérdida inevitable (a diferencia de la “trágica” que consiste en acatar la realidad de un hecho irremediable o la imposibilidad de que ocurra aquello tan anhelado), es un movimiento necesario.
Estas declaraciones se explican por pensar al amor como profundamente narcisista y en consecuencia, en sí mismo engañoso: “la amada no lo es tal, es sólo una ocasión y motivo, un puro reflejo de sus movimientos internos” (…) (2). El amor es en términos de Kierkegaard, una pasión paradójica: desea su propia pérdida.
Este amor que presupone la pérdida del objeto, como decía,  desde el primer minuto, manifiesta la inadecuación que hay entre el objeto encontrado en la realidad y el del deseo. Es el abismo, intervalo, diáspora, ese  salto –“que ninguna ciencia ha explicado ni puede explicar”-, entre lo recordado y lo encontrado en el presente, al que tantas veces y de diferentes formas se refiere en relación a la imposibilidad de la repetición que no sea en otro plano que el religioso/espiritual, señalando la vuelta vacía de la repetición que manifiesta el más allá del objeto, algo que el objeto oculta y que está en juego -en esa repetición-. Tal renuncia – pérdida- es en favor de un objeto que no es tal, a favor de ese “menos que nada” que es el sujeto mismo, en su ser verdadero o eterno.
Hay que avanzar a la concepción tripartita del amor para Kierkegaard (3), donde cuentan: amado, amante y el Amor. Este tercer término hace a la imposibilidad que ese vínculo amoroso pueda romperse por decisión de alguno de los otros dos y explica la eternidad del amor. Esa “eternidad” señala en sí misma la prescindencia del objeto comprometida en él y que se manifiesta en lo superfluo de la relación con el objeto real pensado como prójimo (a---a’), ya que el vínculo vale por la presencia del tercer término, el Amor (A). Están separados persona amada y Amor (es lo que todo el tiempo en Temor y temblor, empuja a Abraham al monte a cumplir el mandato del dios; es el amor al prójimo del cristianismo que prescinde del objeto)
Es el Amor con mayúsculas, amor verdadero, que sólo puede ser alcanzado mediante un salto de la ética en la fe, en virtud de lo absurdo, como lo explica también en Temor y Temblor, porque el amor en el ámbito ético sólo puede ser conceptual. Kierkegaard lo escribió en este libro después de romper su compromiso con su novia. Según relata, su amor por Regina fue conceptual e incompleto, la amaba en determinadas situaciones, en determinadas circunstancias (en su casa, por ejemplo, o en casa de su familia, o caminando por una calle), pero tuvo que admitir que hay situaciones en las que no la amaba. Tuvo cierto encanto por la idea de Regina en casa, sonriente, le encantó la idea de vivir con Regina, de estar casado con ella y tener una familia, pero no amar a Regina.
El amor, que para Kierkegaard es amor a Dios, es el amor como esa trascendencia que marca un límite. Dios es ese límite, lo desconocido, con lo que choca la razón.
 
 
Kierkegaard/ Sócrates
 
Kierkegaard como Sócrates sabe y Lacan lo señala en el Seminario VIII, La Transferencia, donde tomael Banquete (4).  : “Sin duda estamos en la verdad del vino –en referencia a In Vino Veritas de Kierkegaard, sabemos que también había vino que animaba el discurso- así está articulado, Kieerkegaard lo retoma así mismo, cuando se refiere, también él, a su Banquete”.
Qué sabe Kierkegaard? Sabe sobre qué objeto hay ahí detrás capaz de introducir en el propio sujeto semejante vacilación. Sabe del ágalma, o sea del objeto de amor como ese brillo que puede encandilar velando la causa del deseo. Sabe que la mujer es un señuelo que vela la causa y que esa “x” que es Regina Olsen solo está en el lugar de su propia “x”, de su propio enigma. Ella –como Sócrates-adquiere su significado no en virtud de sus encantos sino en cuanto se ha relacionado con él. No atrae por sí misma sino porque contiene el objeto del deseo. Es el Te amo porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú, el objeto a minúscula del Seminario XI (5). Ese en ti más que tú que toma Lacan y que viene a resumir el nombre del objeto en el Seminario de La transferencia.
 
 
Para concluir
 
Me interesa agregar, luego de haber recurrido a este casi “planfleto que denuncia el engaño del amor, algo que aparece expresado en una frase de Lacan de la ultima clase -del 13 de julio del 63-, en el seminario de La angustia, y  que también está más allá de lo que este Seminario aporta a la teoría y a la clínica psicoanalítica y es que lo que hace que un psicoanálisis sea una aventura única es la búsqueda del ágalma (en el campo del Otro), que es nada mas y nada menos que la posibilidad de la transferencia, el objeto a. Y que es el amor nuevo que promueve el psicoanálisis: dejarnos engañar (*) para nombrar al objeto a, y eso no es sin el brillo.
 
 
 
(*) Habría que retomar este punto de “engaño” en relación a lo expuesto el día de las Jornadas por Enrique Acuña, en torno a pensar más bien el equívoco en su lugar.
 
 
NOTAS
 
(1) Lacan, J.: Seminario XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós. Pág. 276.
(2) Kierkegaard, Soren: La Repetición. Ed. JCE (1843).Pág. 95.
(3) Curso Breve: El inconciente transfiere eso que la reedición no sabe: Clase del 3 de marzo de 2010, a cargo de Ma. Inés García Urcola. En el punto de referencia al artículo de Sara Vasallo
(4) Lacan, J.: Seminario VIII, La transferencia . Ed. Paidós. Pág. 160.
(5) Lacan, J.: Seminario XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Ed. Paidós. Pág. 276.
 
 
BIBLIOGRAFÍA
 
- Lacan, Jacques: Seminario 8: La transferencia (1960-61) Ed. Paidós
                               Seminario 10: La angustia (1962-63) Ed. Paidós
                              Seminario 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis (1964) Ed. Paidós
- Miller, J.-A.: Introducción a la lectura del Seminario de La angustia de J. Lacan. Texto de circulación interna.
- Curso Breve: El inconciente transfiere eso que la reedición no sabe: Clase del 3 de marzo de 2010,  a cargo de Ma. Inés García Urcola
- Kierkegaard, Soren: Temor y temblor. Ed. JCE (1843)
                                      La repetición. Ed. JCE (1843)