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Una conjetura a la espera

La acción del analista

En Construcciones en análisis, Freud afirmaba que “la construcción es una conjetura que espera examen, confirmación o rechazo”. Si admitimos que un caso es una construcción del analista, se abre un abanico de interrogaciones sobre el tipo de construcción del que se trata, el modo de hacerla, según qué razonamiento,  a qué forma de prueba o refutación llama, etc.
Se trata de la acción del analista ante los datos de la experiencia analítica, ese material que introduce el analizante que hace las veces de materia prima con la que se efectuará la construcción. Esa materia prima según Freud es fragmentaria, está compuesta de remiendos y pedazos que aparecen en la experiencia bajo la forma de fragmentos en los sueños, ideas inconexas, índices de fenómenos de repetición, etc.
El analista ante estos datos de la experiencia se comporta como el soñante ante su sueño. La elaboración secundaria es el mecanismo que transforma el material fragmentado e incoherente del sueño en un relato coherente que el analizante relata al analista. El caso, comparativamente, es una construcción  que -con esa materia prima fragmentada- el analista relata al controlador, siendo en el ámbito del control en el que esa conjetura se pone a prueba.
Entonces, la acción del analista que construye el caso puede resumirse así; “escucho el material fragmentado, construyo con esos restos, conjeturo, espero, deduzco, examino, constato, rectifico”. Se trata, en ese camino, de ir del caso al control... y retorno.


La construcción del caso: una invención por abducción
 
La abducción es un tipo de razonamiento que Ch. Peirce en La ciencia de la semiótica, presenta como una manera de explorar y descubrir la verdad de los fenómenos, y lo distingue del modo de operar de las dos formas clásicas de razonamientos como son el deductivo y el inductivo.
La inducción verifica una serie de fenómenos para extraer de ellos leyes o reglas más generales consideradas válidas. Peirce considera que el método inductivo tiene solo validez comprobatoria, pero no amplía el horizonte de descubrimiento porque la suma de muchos casos particulares no da como resultado una ley general. Por esta razón propone otro camino que propicia el proceso de “invención” del conocimiento, y que además brinda pautas racionales que hacen avanzar la indagación de los fenómenos. Se trata del razonamiento de abducción, que es aquel en el que el enlace entre las premisas y la conclusión es de tipo hipotético, es una manera de obtener una generalización sin certeza positiva.
Los argumentos abductivos son creativos y se apoyan sobre hipótesis de intuición y suposición. Así la abducción se apoya en una hipótesis construida sobre la base de premisas no constatadas que necesitan ser comprobadas a través de inducciones sucesivas y controles deductivos. Es decir que a la abducción le corresponde la lógica del descubrimiento, mientras que a la inducción y a la deducción, que permiten constatar o refutar una hipótesis abductiva, la lógica de la prueba. De este modo hay un complemento en el sentido en que la inducción y la deducción prueban lo que la abducción inventa.


¿Elevar el caso al paradigma?

E Laurent en “El caso, del malestar a la mentira” planteaba que una cuestión delicada en psicoanálisis es inscribir la contingencia del caso, y que en ese sentido este no puede ser "objetivo", lo cual no impide que exista la clínica psicoanalítica y las narraciones, es decir los "tipos de síntoma". Cada caso, en su contingencia, se inscribe en las clases que lo espera. Pero la pregunta es  ¿de qué manera?
Afirma que Lacan hace bascular el relato del caso psicoanalítico hacia la puesta al día de la envoltura formal del síntoma, y que en la lectura que hace de los casos de Freud, "eleva el caso al paradigma" al rango de "el ejemplo que muestra" .El paradigma hace surgir la estructura e indica el lugar del síntoma en una clase. Pero ¿de qué noción de paradigma se trata aquí?
En el capítulo primero de su libro Signatura rerum, titulado “¿Qué es un paradigma?” G. Agamben desarrolla la pregunta ¿Qué es un paradigma en la filosofía y las ciencias humanas?. Menciona los dos sentidos que el concepto de paradigma tiene en T. Kuhn cuando en La estructura de las revoluciones científicas afirmaba que por un lado se refiere a una matríz disciplinar designando lo que  los miembros  de cierta comunidad científica poseen en común, y el segundo sentido según el cual es un elemento singular de ese conjunto.Este segundo significado es el que considera más valioso destacando que es un simple ejemplo, un caso singular que sustituye la regla por el paradigma y la lógica universal de la ley por la lógica  específica y singular del ejemplo. Así el paradigma queda definido como un objeto singular  que valiendo para todos los otros de la misma clase, define al conjunto del que forma parte y que al mismo tiempo constituye.
Comenta que Aristóteles en los Primeros analíticos diferenciaba el procedimiento por paradigmas de la inducción y la deducción. El paradigma no funciona como una parte respecto del todo como la inducción, ni como un todo respecto de las partes como la deducción, sino como una parte respecto de la parte; es decir que mientras la inducción procede de lo particular  a lo universal y la deducción de lo universal a lo particular, “el paradigma es una tercera forma de movimiento que va de lo particular a lo particular” dice Agamben.
El estatuto epistemológico del paradigma pone en cuestión la oposición dicotómica universal-particular por la que tanto pelearon nominalistas y realistas en la edad media, y se basa en el procedimiento cognoscitivo de la analogía o método del análogo, es decir por comparación (comparationis).
El razonamiento analógico parte de lo particular y llega a lo particular, es de comparación o semejanza porque traslada las características de un objeto conocido a otro que pretendemos conocer y le es semejante parecido o análogo. Esto quiere decir que la analogía lógica no nos eleva de lo particular  a lo universal como la inducción, ni nos baja de lo universal a lo particular como la deducción, sino que pone en juego las semejanzas entre un caso particular y otro particular que en tanto ejemplar, muestra. Se trata, afirma Agamben de “poner al lado,  de mostrar y exponer. Esta acepción de paradigma  implica un movimiento que va de lo particular a lo particular y que, sin salir de este, transforma cada caso en ejemplar de una regla general que nunca puede formularse a priori.


La querella de los universales. ¿Un debate que se termina?

En su curso anual que dicta en la APLP titulado “De la insistencia a la existencia”, Enrique Acuña comentó el libro Las construcciones de lo universal-psicoanálisis y filosofía de Menique David-Menad en donde se trata de ver, ente otros temas, como llega Lacar a los universales-título de un apartado del libro -y de qué manera puede incidir en la concepción filosófica del concepto.Destacó como referencia central la versión planteada en el seminario Aun en el esquema de la sexuación, en donde lo que destaca la autora es que pone en relación dos proposiciones contradictorias para la lógica, una universal afirmativa y una particular negativa. Es decir que para el lado hombre, vale la conjunción de las dos proposiciones siguientes: “para todo x, existe un x tal que lo descompleta”.Al introducir como valida la secuencia de una proposición universal afirmativa y una particular negativa, Lacan transforma la noción Aristotélica de contradicción porque introduce la necesariedad de la excepción para constituir el todo, la necesidad de la particular negativa que haga existir la universal afirmativa. Es necesario el padre de la horda como excepción –al menos un existencial que no- para construir el universal de la castración para todos. Se trata en esa particular negativa, de la excepción que descompleta y constituye a la vez al universal. Por lo tanto barre con el ideal aristotélico del sin excepción que define a los universales. El “todo” que  los identifica queda así descompletado, ejemplificado en sintagmas tales como El Otro no existe, La mujer no existe, etc.
J.-A. Miller en Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, afirmaba que los analistas chapuceamos –expresión que toma del espíritu de chapucería de Lévi-Strauss- entre las posiciones nominalistas y realistas que se querellaron durante toda la edad media defendiendo, unos la existencia de los particulares y otros la de los universales. Decía que somos nominalistas cuando nos detenemos en cada caso sin compararlo con ningún otro, como lo inclasificable por excelencia, y realistas cuando lo referimos a tipos de síntomas y a la estructura.
La querella de los universales se traslada al debate sobre la acción del analista cuando al diagnosticar clasifica el caso; debate que puede zanjarse si aceptamos que cada caso tiene dos caras: la que ilustra que es la que se eleva al paradigma como clase o tipo, y la que se lustra que es la que cae de él. Es decir que se trata de elevar el caso al paradigma en ese pasaje de lo particular  a lo universal, y hacerlo caer como resto de una satisfacción que no encaja en ningún modelo. Cuando lo elevamos nos referimos a Un caso de un paradigma universal, mientras que cuando lo hacemos caer de él, nos referimos a El caso x.
 Un caso contiene una cara referida al tipo de síntoma y su envoltura formal que lo clasifica elevándolo al paradigma, y una cara ligada a la satisfacción envuelta allí que lo desclasifica como excepción haciéndolo caer del universal del paradigma. Es decir, elevación a lo universal y caída como excepción que lo desclasifica.
Es a partir de la admisión de los distintos sentidos del término paradigma –como teoría de referencia, clase, tipo o como particular ejemplar- que en la lectura de Agamben podemos priorizar, no ya los razonamientos lógicos de inducción y deducción donde en ese elevar o caer se pone en juego la relación entre particular y universal, sino el razonamiento analógico implicado en el paradigma como caso ejemplar, en donde se trata de la relación entre un particular y otro particular.
El razonamiento analógico implicado en el paradigma, conlleva el abandono del par particular-universal como modelo de la inferencia lógica. La regla no es una generalidad que preexiste a los casos y se aplica a ellos por deducción, ni algo que resulta de la enumeración exhaustiva de los casos particulares por inducción, sino que es la mera exhibición del caso paradigmático la que la constituye.
Agamben afirma que el caso paradigmático –ejemplum- deviene tal suspendiendo y a la vez exponiendo su pertenencia al conjunto, de modo que ya no es posible  separar en él ejemplaridad y  singularidad.
Plantea una serie de preguntas que podrían orientar futuras investigaciones sobre el tema:  ¿Cómo separar en un ejemplo paradigmático, su valer para todos de su ser un caso singular entre los otros? El paradigma presupone la imposibilidad de la regla, pero si esta falta o es informulable ¿De donde podrá el ejemplo extraer su valor de prueba? ¿Cómo proporcionar ejemplos de una regla imposible de asignar? ¿Paradojas? ¿Aporías sin salida?
Asistimos así al pasaje de la acepción de paradigma como teoría de referencia a la que se eleva cada caso particular, a caso ejemplar con el que se compara otro particular. Así, cada caso particular por el método del análogo, se compara con otro particular que es paradigmático.
Esta versión, que como bien destaca Agamben es aplicable en las ciencias humanas y en la filosofía, cuando la importamos al psicoanálisis debemos preguntarnos ¿a qué nos conduce comparar un caso con otro cuando cada caso es exemplum para sí mismo y no ejemplo para otro?
Entonces, se construye el caso por razonamiento abductivo y en tanto hipótesis, se lo pone a prueba por el deductivo e inductivo. Quizás podamos leer en Freud -cuando afirma que la construcción, al igual que el caso, es una conjetura a la espera de examen- la puesta en juego de estos tipos de razonamiento por los que atraviesa el analista en ese camino que lo conduce de la construcción del caso al control... y retorno.

                                                                                                                          

 

Referencias

- Acuña, Enrique: “De la insistencia a la existencia”. Curso Anual APLP.2009
       "Desclasificar-un no  destino para lo singular-” en Resonancia y silencio-Psicoanálisis y otras poéticas. EDULP:2009
- Freud, S.: “Construcciones en análisis” Amorrortu. Tomo XXIII. 1987
       La interpretación de los sueños. Amorrortu. Tomos IV y V. 1989
- Miller, J-A y otros: Los inclasificables de la clínica psicoanalítica. Paidós. Bs As.1991
 “Marginalia de Milan-Construcciones en análisis” Uno por Uno Nº 41
- Laurent E.: “El caso, del malestar a la mentira”. Texto publicado en la Revue de la Ecole de La Cause Freudienne. Nº 50
- Lacan, J.: El seminario Libro XX, Aún. Paidós.Bs As.2000.
- Peirce, CH.: La ciencia de la semiótica. Nueva Visión.
- Agamben, G.: Signatura rerum. Adriana Hidalgo editora.2009
- David-Ménard Monique: Las construcciones de lo universal-Psicoanálisis y Filosofía-. Nueva Visión