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Cursos Breves 2020

Curso Breve

Lacan: Del inconsciente al ser diciente


 

ARGUMENTO

Cuando pensamos el Programa de Estudios Analíticos con el que iniciamos las enseñanzas del Instituto PRAGMA-APLP en la nueva década 2020, constatamos un espacio de lapsus, algo sin-sentido. Se trataba de un intervalo, la brecha fecunda para volver a los conceptos fundantes como lo Inconsciente, esa hipótesis freudiana legítima para su existencia (Unbewuste), y luego cotejar con el ser diciente de la última enseñanza de Jacques Lacan.

 

-I-

Se trata de ordenar las piezas que faltan en lo epistémico juntando cada una hacia un rompecabezas singular. Una cierta solución encontramos en una sugerencia de J.-A. Miller de tomar dicha enseñanza como hystoria en tanto estructura discontinua, fiel al sujeto dividido por la palabra ($). (1).

Leer Lacan supone abrir una obra cortada en fragmentos de saber, no tanto un Todo científico, sino seguir la lógica de un texto inacabado (work in progress). Sin progreso lineal, esto implica tanto un salto conceptual como clínico marcando el pasaje que va desde la eficacia simbólica al buen uso de lo que se encuentra como un real imposible en el lenguaje. Eso requiere un método que se deja enseñar por la clínica en tanto una práctica y también una elaboración del psicoanálisis.

 

-II-

En la enseñanza de Lacan surge una dialéctica entre un inconsciente como “verdad reprimida” y un “decir olvidado” tras lo dicho. Sin abolirse, ese sujeto del inconsciente al final se transforma en alguien con un “saber hacer” con ese arte-facto que bordea un cuerpo del lenguaje. Nos interesa ese detalle entre el síntoma “conflicto” a otro momento del sinthome como “solución”, pasaje que produce un objeto (a) que engolfa un bien decir. Algo hecho con la estofa de lalengua singular de cada Uno en la  Comunidad de otros. La pregunta que se impone es cómo articular ese devenir conceptual que se capta en la lógica de la cura, cursus de una clínica de la entrada y final de la experiencia analítica.


-III-

¿Qué es lo inconsciente transferencial opuesto a lo real, accesible solo por sus formaciones? Más allá de ese binario hay un inconsciente retórico en el síntoma, en el sentido del sueño, en el chiste como agudeza, otro más mecánico en el acto fallido y por ultimo variedad del silencio que agujerea la repetición pulsional.
¿Qué sería un Uno solo como ser hablante (parlêtre) cuando al final del análisis se sublima “la cosa” en cuestión como un “acontecimiento del cuerpo”? (Lacan, 1974). No sería ya el sentido, sufrimiento y satisfacción en la angustia del principio de un análisis (la libra de carne del organismo), sino un “cuerpo de puro decir” en el sinthoma como solución. (2)

Ante el hallazgo clínico se podría operar con referencias conceptuales diferentes siempre y cuando una no olvide a otra. No hay progreso conceptual sino “saltos” sobre lo que se decide como obstáculo. Habría que recordar entonces que lo epistémico y lo clínico no se juntan si no hay un pegamento del deseo como política, que apunta a desatar una poética: la de un bien inventar.

 

-IV-

Desde el Estadio del Espejo, donde el Yo “ignora”, se engaña con la imagen del otro para poder constituirse como realidad, a luego pasar a una metáfora del sujeto (por acción del Nombre-del-Padre y/o sus suplencias), Lacan avanza de lo Imaginario a la estructura de lo Simbólico. Desde el engaño del Yo, diferencia el equívoco del significante que permite articular al Sujeto al inconsciente como un saber no sabido (2). Se abre un espacio topológico, el lugar del Otro que se escribe en el matema S(A tachado). El registro de lo Real resta como algo externo-interno a esa cadena. I→S→R.
Finalmente, en 1977 Lacan retorna al inconsciente como una “ignorancia que sabe” (L’ìnsu que sait) y también como la razón de un fracaso del amor (l’une-bevue s’aile à mourre) a favor del deseo de otra cosa como un nuevo decir.


Enrique Acuña- (Dirección de Enseñanzas, Instituto PRAGMA-APLP).

 

Notas

(1)- Miller, J.-A-: Curso El ultimísimo Lacan. Ed. Paidós, 2013.
(2) comentarios Seminario E. Acuña en la web: https://seminarioenriqueacuna.wordpress.com/

 

Bibliografía inicial

-Freud, S.: “Lo inconsciente”. Obras Completas. Tomo II.
-Freud, S. “La interpretación de los Sueños”. Capítulo VII. Obras Completas. Tomo I
-Lacan; J.: Conferencia. “Lo simbólico, lo imaginario y lo real”. (1953). En De los nombres del padre. Paidós, 2005.
-Lacan, J, “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”. Escritos 1. Siglo 21 Editores.
-Lacan, J: “Prefacio a la edición inglesa del Seminario XI” y “EL atolondradicho”. Otros Escritos. Paidós 2012.
-Lacan, J.: El Seminario libro XXIII. El Sinthoma. Paidós, 2002.
-Lacan, J.: Seminario 24. L’insu que sait de l’une-bevue s’aile à mourre. (Inédito). Ficha en Biblioteca Freudiana de La Plata.
-Masotta, O.: “Prologo a Las formaciones del inconsciente”. Ensayos Lacanianos. Eterna Cadencia, 2011.
-Miller-J.-A: “El inconsciente y el cuerpo hablante”. En Scilicet. El cuerpo hablante. El inconsciente en el siglo XXI. Ed. Grama 2015.- acceso web:
https://www.wapol.org/es/articulos/Template.asp?intTipoPagina=4&intPublicacion=13&intEdicion=9&intIdiomaPublicacion=1&intArticulo=2742&intIdiomaArticulo=1

 

 

Del espejo a la metáfora

Sebastián Ferrante

 

La finalidad de este curso fue presentar nuestra propuesta de investigación al Programa de Estudios Analíticos (P.E.A.) para este año 2020. Del “inconsciente” al “ser diciente” plantea un recorrido por la enseñanza de Lacan en su retorno a Freud, entendiendo esta enseñanza como una hystoria, donde no tratamos con algo estable, rígido y acabado, sino más bien con efectos de idas y vueltas, saltos y discontinuidades. Enrique Acuña, director de enseñanzas del Instituto Pragma, propuso un argumento donde este recorrido se plantea a varios niveles, sin que una instancia supere a la otra:

  • del sujeto del inconsciente al saber-hacer con el artefacto del lenguaje.
  • del síntoma conflicto, al sinthome como solución o arreglo.
  • del sentido y el sufrimiento al puro decir como cuerpo.

Partimos de lo inconsciente tal como lo plantea Freud en su texto 1915: una hipótesis necesaria, en tanto procura explicar fenómenos de lo cotidiano que en principio se presentan sin sentido, y legítima, ya que además de explicar, responde a determinadas leyes. Un inconsciente hecho de pulsiones –una amalgama de representación y afecto, que no necesariamente se corresponden unas con otros-, que son investiduras sometidas a esas leyes que Freud enuncia como "proceso primario": condensación (entre dos o más representaciones) y desplazamiento (de una representación a otra). Ahí, en la labor interpretativa, en el desciframiento, encuentra el psicoanálisis su razón de existir.

Con la hipótesis de lo inconsciente y la teoría pulsional, Freud da cuenta de un cuerpo erógeno, segmentado y parcializado al que se no se accede sino de modo incompleto y por representaciones, demostrando la incidencia del lenguaje sobre el organismo, transformando sus afectos en efectos del lenguaje, pero no todo será interpretable.

A diferencia de Freud, Lacan dispone en su primera enseñanza de otras herramientas teóricas y conceptuales –lingüística, antropología, matemática- que le permiten pensar la realidad mediante los tres registros del lenguaje: simbólico, imaginario y real.

De ello se desprendió el tema de la primera clase que se tituló “Del espejo a la metáfora”, referencia posible al momento en que Lacan distingue dentro del psicoanálisis entre el contenido de las imágenes que se ponen en juego en la experiencia analítica y lo simbólico de la palabra, resorte mismo de la experiencia. Puede referir además a la maniobra que todo analista debe realizar como condición para el comienzo de dicha experiencia, en la entrada en el análisis. Hay también un trasfondo político, en tanto aquella distinción entre los registros simbólico e imaginario viene a responder a los desvíos en la teoría y técnica analítica de ciertas corrientes post freudianas.

Para referirnos a Lacan, abordamos el texto “El estadio del espejo como formador de la función del yo [je] tal como se nos revela en la experiencia analítica” (1949) donde ubica el registro imaginario como constituyente. Si bien aún no planteó la distinción de los tres registros, aquí parte de un fenómeno –la observación de un ser, aún impotente y dependiente desde lo motriz, que asume una actitud de júbilo cuando percibe su imagen en el espejo-, para ubicar el estadio del espejo como una identificación, en el sentido de que el sujeto se transforma cuando asume una imagen. Esta imagen retorna al ser devolviendo la forma total del cuerpo, como adelanto a la propia maduración. Eficacia de lo imaginario que lleva al ser “de la insuficiencia a la anticipación”, instante que se da previo al lenguaje, pero con la incidencia de lo simbólico, ya que esa reacción de júbilo y transformación en el ser está aprobada por el Otro, garantía de confirmación. No obstante, este drama imaginario del espejo es ya un antecedente de la división subjetiva y de la dependencia del sujeto del Otro. Dice Lacan: “Antes de la determinación social, esta forma imaginaria sitúa la instancia del yo en una línea de ficción, irreductible para siempre por un individuo solo”.

Lacan pretende dar cuenta de la forma en que lo imaginario, como gestalt, es capaz de producir efectos formativos sobre el organismo. La función del estadio del espejo, además de ilustrar la efectividad de las ficciones, es establecer una relación del organismo con su realidad, en tanto lo imaginario reviste el cuerpo de significaciones y la propia imagen del mundo. Este modelo de cuerpo imaginario, unificado, es por donde entran las representaciones que constituyen un mundo ilusorio (función de desconocimiento del yo).

De lo imaginario/simbólico como constituyente, luego Lacan va a acentuar la distinción entre lo simbólico y lo imaginario en la conferencia titulada “Lo simbólico, lo imaginario y lo real” (1953). Esta conferencia es la antesala a su manifiesto “Función y campo…”, y aquí se puede leer el pasaje del espejo a la metáfora. Fundamentalmente porque hay una pregunta que sobrevuela toda su intervención: ¿qué es lo analizable? Claramente afirma que la eficacia de la experiencia analítica transcurre en la palabra: es el símbolo.

Por un lado, si la satisfacción no es del orden del conflicto, no habría posibilidad de análisis. Así, por ejemplo, la fantasía de la “pantufla” como desplazamiento del órgano femenino en la fijación perversa no sería analizable. Lacan agrega una condición: no alcanza solamente con desplazarse, además tiene que representar algo que no sea él mismo. Es decir, debe haber sustitución. Por eso, lo simbólico debe entenderse en el dispositivo analítico, organizado en un lenguaje: Lacan remite a la estructura significante / significado, es la función de la palabra que permite que algo nazca, y que luego de efectivamente pronunciar una palabra –como acto-, los dos partenaires no sean los mismos.

La sustitución –símbolo, metáfora- es lo que da su estatuto al síntoma. Para Lacan, en este momento,  al síntoma subyace una palabra amordazada y es tarea del analista remitir al orden simbólico. Por otra parte, lo imaginario se presenta como obstáculo, ya que el neurótico procura realizar en la situación con el analista, la imagen o imágenes de la experiencia precoz (por ejemplo, el caso Hombre de las ratas), interponiéndose en toda relación simbólica verdadera.

Lacan es claro en el pasaje del espejo a la metáfora: toda relación entre dos está marcada por el estilo de lo imaginario. Para ser analizable, es decir, interpretable simbólicamente, debe inscribirse una relación de tres, necesitando la mediación de un tercer elemento. Ese tercer elemento lo provee la palabra en el campo del lenguaje: esta  no es solamente mediadora, sino que permite trascender la tensión agresiva fundamental en el espejismo del semejante (a--a’) que se instala en la relación imaginaria. Es el nacimiento del Otro como lugar y función del inconsciente.

 

 

Sueño, síntoma, lapsus, chiste

Fátima Alemán

 

En la segunda clase del curso breve de este año, dictada por mí junto a Daniela Ward, tomamos como punto de partida el primer párrafo del tercer apartado del argumento escrito por Enrique Acuña: “¿Qué es lo inconsciente transferencial opuesto a lo real, accesible solo por sus formaciones? Más allá de ese binario hay un inconsciente retórico en el síntoma, en el sentido del sueño, en el chiste como agudeza, otro más mecánico en el acto fallido y por último variedad del silencio que agujerea la repetición pulsional.”

Si tomamos en cuenta que el binario inconsciente transferencial/inconsciente real es promovido por J.-A. Miller en su lectura crítica de la enseñanza de Lacan, es posible afirmar que la hipótesis del inconsciente freudiano que sirve como fundamento del método terapéutico del psicoanálisis requiere de otro fundamento clave: el lugar del Otro como sostén de la transferencia analítica. Los tres libros que dan cuenta del inconsciente como supuesto necesario para explicar los síntomas neuróticos y ciertos fenómenos “del sinsentido” de la vida cotidiana, son La interpretación de los sueños, Psicopatología de la vida cotidiana y El chiste y su relación con el inconsciente. En primer lugar, en estas obras Freud demuestra que el inconsciente es un fenómeno de lenguaje y no un fenómeno paranormal o de doble consciencia. Así mismo, el inconsciente no requiere de una base orgánica ni de una localización cerebral (como lo querrían hoy los cognitivistas) sino simplemente de extraer las consecuencias del poder “ensalmador” de la palabra. Como dice en Tratamiento psíquico, tratamiento del alma, “las palabras son buenos medios para provocar alteraciones anímicas en aquel a quien van dirigidas y por eso ya no suena enigmático observar que el ensalmo de la palabra puede eliminar fenómenos patológicos”.

Por esta vía, Freud encuentra en el sueño el “miramiento por la figurabilidad”, condición necesaria de la legalidad del inconsciente: desplazamiento y condensación. El sueño no vale sólo por su costado de representación en imágenes sino, sobre todo, por su representación en palabras: El sueño es un relato, el que hace el soñante una vez despierto, reconstruyendo los fragmentos-imágenes gracias al aparato del lenguaje. En el capítulo IV sobre el trabajo del sueño, Freud muestra “la conexión lógica como simultaneidad” de los pensamientos oníricos y compara al sueño con “un sistema de escritura” (Freud, p. 120). Tomando un sueño propio, Freud aísla una neoformación significante, Autodidasker, y su lazo con una fantasía como cumplimiento de deseo. El neologismo soñado remite simultáneamente al autor, al autodidacta y a Lasker, asociado este último al nombre de Lassalle (ambos autores judíos, referentes de la política alemana). La figura de su hermano, la preocupación por la educación de sus hijos y una discusión reciente con su mujer, son el trasfondo diurno del sueño freudiano. Sin embargo, la fantasía se asocia a un deseo incómodo para Freud: reconocer que un colega médico ha acertado con el diagnóstico presuntivo de neurosis, en un paciente derivado por él mismo. El autodidasker es entonces el producto de una conexión por contigüidad, a partir del deseo inconsciente de confesar una equivocación.

Sobre el lapsus como ejemplo sintomático de la vida cotidiana, retomamos una referencia lacaniana del escrito titulado “Observaciones sobre el informe de Daniel Lagache”. Haciendo hincapié en la “duplicidad fundadora del significante” como fundamento del sujeto del inconsciente (modo de encontrar una salida a los atolladeros del yo y el ello freudianos), Lacan recuerda el último apartado de Psicopatología de la vida cotidiana dedicado al determinismo y la creencia en el azar. Si todo número elegido al azar (en la lotería, por ejemplo) tiene un determinismo inconsciente, esto demuestra que el inconsciente es una cifra escrita que se descifra en la lectura. En el caso del lapsus también se trata de una cifra extraída de la letra. Tomando el ejemplo del escritor francés Alfred Jarry, Lacan resalta la genialidad del comienzo de su obra teatral Ubú rei: “¡Merdre!”. El lapsus en cuestión, merdre por merde, consiste en una condensación donde se agregar una letra, ‘r’, haciendo del lapsus “una trivialidad refinada de fantasía y de poema”, o también para “dar a la jaculatoria más vulgar en francés, el valor “joculatorio” que llega a lo sublime” (Lacan, p. 640). Lacan juega luego con dos letras y propone “meidre” y “maidre” para arribar al anagrama “admirer” (admirar). De la mierda a lo sublime es el personaje de Ubu rei, una parodia del Macbeth de Shakespeare, donde el grotesco dará lugar al teatro del absurdo y más tarde al nacimiento del surrealismo.

Pero el Witz, según Lacan,resulta ser la formación del inconsciente más lograda, al dar cuenta de una mecánica que pone en marcha “el significante y sus técnicas” (Lacan, p. 12). Esta afirmación dicha por Lacan al comienzo de su Seminario 5, implica poner en valor el trabajo fecundo de Freud sobre “El chiste y su relación con el inconsciente”, donde el witz traducido como agudeza o ingenio muestra la creación del sentido a partir del sinsentido. El chiste emblemático del famillionario con el que Freud ejemplifica la condensación y el desplazamiento inconscientes, es leído por Lacan desde la lingüística saussuriana, en términos de un mensaje que cuestiona el código, y por ello mismo requiere de un tercero, el Otro, que sanciona con la risa el efecto creado. Si el inconsciente freudiano es leído por Lacan en su primera enseñanza como “el discurso del Otro”, cuya estructura es de lenguaje, ello no implica que la vertiente pulsional quede por fuera. El chiste, el lapsus o el sueño muestran bien como la satisfacción libidinal toca el cuerpo del sujeto ya sea por la sorpresa, por la emergencia de la angustia o la risa desenfrenada.

 

Referencias

Arrivé, M. (2004) Lenguaje y psicoanálisis, lingüística e inconsciente. Freud, Saussure, Pichon, Lacan. México: Siglo XXI.

Freud, S (1993). Psicopatología de la vida cotidiana (1901). En Obras Completas. Tomo VI. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud, S. (1993). La interpretación de los sueños (primera parte) (1900). En Obras Completas. Tomo V. Buenos Aires: Amorrortu.

Freud; S. (1993) El chiste y su relación con lo inconsciente (1905). En Obras Completas. Tomo VIII. Buenos Aires: Amorrortu

Lacan, J. (1987) Observaciones sobre el informe de Daniel Lagache. En Escritos II. Buenos Aires: Siglo XXI.

Lacan, J. (2003) Las formaciones del inconsciente. Seminario 5. Buenos Aires: Paidós.

 

 

¿Lo real no habla?

Inés García Urcola

 

Un salto en la enseñanza de Lacan, que situamos a la altura del seminario 11 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, orientó la tercera clase del curso breve “Lacan: del inconsciente al ser diciente”. Hablamos de “salto” en tanto consideramos que el recorrido propuesto en la enseñanza de Lacan, que parte del concepto de inconsciente y llega a la noción de parlêtre o ser diciente, no es un recorrido lineal y un progreso conceptual; como señala Enrique Acuña en el argumento del presente curso, se trata de saltos sobre lo que se decide como obstáculo; “Habría que recordar que lo epistémico y lo clínico no se juntan si no hay un pegamento del deseo como política, que apunta a desatar una poética: la de un bien inventar.”(1)

En esta dirección consideramos relevante contextualizar el salto aludido ubicando la excomunión de Lacan, palabra con la que él nombra en la primera clase del seminario la condición impuesta por la IPA a la Sociedad Francesa de Psicoanálisis para tener la habilitación internacional. Eso permite una reformulación de los conceptos fundamentales del psicoanálisis: inconsciente, repetición, transferencia y pulsión.

Un deseo -del analista- como política que se orienta a sostener una praxis, “una acción concertada por el hombre, sea cual fuere, que le da la posibilidad de tratar lo real mediante lo simbólico”(2). Con esta definición de lo que es una praxis, cuestión que retomará en “La ciencia y la verdad”, Lacan pone al psicoanálisis a debatir con la ciencia, la religión y la magia. El deseo del analista, que le permite pensar la especificidad de la praxis psicoanalítica, también entrará en juego a la hora de su crítica a los postfreudianos.

Una de las preguntas planteadas en esta tercera clase se concentró en el título que Jacques-Alain Miller diera a una de las clases: “El inconsciente freudiano y el nuestro”. ¿Hay un inconsciente freudiano y un inconsciente lacaniano? Sabemos, cuestión que fue planteada en las clases anteriores del curso y que Lacan recuerda en el seminario 11, que “el inconsciente freudiano nada tiene que ver con las llamadas formas del inconsciente que le precedieron, como tampoco con las que lo acompañaron o todavía lo rodean.”(3) Pero ¿cuál es la reformulación del inconsciente que Lacan plantea aquí?

A modo de introducción a lo que se desarrollará a lo largo del año en el seminario anual del Instituto Pragma, realizamos algunas puntuaciones del primer apartado del seminario 11. Lacan ubica la hipótesis necesaria del inconsciente freudiano, la certeza freudiana, en relación a la certeza cartesiana. Si Descartes funda su certeza del “yo pienso” en la duda, Freud, al dudar de sus sueños, “está seguro por eso de que en ese lugar hay un pensamiento, que es inconsciente, lo cual quiere decir que se revela como ausente.”(4) Las formaciones del inconsciente son producto de un saber estructurado según las leyes del lenguaje. Un saber matemático que implica el azar del encuentro con el significante y su articulación en una cadena regida por una ley. Como dice J-A. Miller, “a partir del momento en que se juntan elementos, aparece una determinación, se sale de lo indeterminado de la cadena. Eso es lo que Lacan quiere mostrar respecto del inconsciente, que hay determinación (…), que en todo caso responde a una ley, y manifiesta lo que él mismo llama ‛el triunfo de la sintaxis’”(5). Podríamos decir que se trata de un triunfo de la sintaxis frente a la dimensión de engaño-mentira del inconsciente pensado en términos de verdad a revelar.

Pero aquí Lacan introduce otro inconsciente, un inconsciente como fenómeno de discontinuidad, ruptura, corte, un inconsciente evasivo y pulsátil. Un inconsciente que es hiancia donde surge el sujeto dividido. “Tropiezo, falla, fisura. En una frase pronunciada, escrita, algo viene a tropezar. (…) Allí una cosa distinta exige su realización, (…) Lo que se produce en esta hiancia, en el sentido pleno del término producirse, se presenta como el hallazgo (…) Hallazgo que es a un tiempo solución.”(6)  Allí hay que ir, dice Lacan, subrayando la dimensión ética y no óntica del inconsciente, y leyendo de un modo novedoso el Wo es war soll Ich werden freudiano, allí donde Ello era, el yo (je) debe advenir como sujeto del inconsciente.

El inconsciente como hiancia le permite a Lacan diferenciar la dimensión de la causa –para lo cual toma la referencia a Kant y su Ensayo sobre las magnitudes negativas- siempre vacía, imposible de comprender mediante la razón, ombligo de los sueños, centro desconocido, y la dimensión de la ley, de la causalidad o lo que hay de determinante en una cadena, en la que la diacronía (historia) estará orientada por la estructura. Señalará entonces que donde eso estaba, lo real, el Ich, el sujeto, ha de advenir.

Lacan introducirá a partir de aquí el concepto de repetición; y así como vemos un inconsciente red y un sujeto del inconsciente que se muestra en la falla del saber, que viene al lugar del ello, lo real, como hallazgo y solución, veremos desdoblarse la repetición en un automaton significante y en el encuentro con la tyché. Lo real no habla, pero insiste.

 

Notas

(1) en https://seminarioenriqueacuna.wordpress.com/2020/01/29/lacan-del-inconsciente-al-ser-diciente/

(2) Lacan, Jacques: El Seminario de Jacques Lacan. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2008, pág. 14.

(3) Ibid, pág. 31.

(4) Ibid, pág. 44.

(5) Miller, Jacques-Alain: El ultimísimo Lacan. Editorial Paidós, 2013, pág. 205.

(6) Lacan, Jacques: El Seminario de Jacques Lacan. Libro 11. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Editorial Paidós, 2008, pág. 32.-

 

 

Satisfacción, sufrimiento, sentido (+) Sinthoma

Leticia García

 

La última clase fue dictada por Leticia García y los comentarios estuvieron a cargo de Milena Nucciarone. Partiendo del título de la clase nos propusimos articular y comparar dos momentos de la enseñanza de Lacan en relación al síntoma dentro de la cura psicoanalítica. Como escribe Enrique Acuña en el Argumento sobre el tema: “En la enseñanza de Lacan surge una dialéctica entre un inconsciente como ‘verdad reprimida’ y un ‘decir olvidado’ tras lo dicho. Sin abolirse, ese sujeto del inconsciente al final se transforma en alguien con un ‘saber hacer’ con ese arte-facto que bordea un cuerpo del lenguaje. Nos interesa ese detalle entre el síntoma ‘conflicto’ a otro momento del sinthome como ‘solución’, pasaje que produce un objeto (a) que engolfa un bien decir. Algo hecho con la estofa de lalengua singular de cada Uno en la Comunidad de otros”. Este “devenir conceptual se capta en la lógica de la cura, cursus de una clínica de la entrada y final de la experiencia analítica”, agrega luego.

 

Partimos entonces, tomando las tres eses (s) del síntoma: satisfacción, sufrimiento y sentido. Versión del síntoma a la entrada del análisis y primera manera de conceptualizarlo tanto de Freud como de Lacan. Milena Nucciarone comenta dos textos freudianos pertenecientes a las Conferencias de Introducción al Psicoanálisis de 1917, la conferencia 17 “El sentido de los síntomas” y la 23 “Las vías de formación de los síntomas”. Freud abre su conferencia 17 señalando que el psicoanálisis dedica atención principal tanto a la forma aparente como al contenido de los síntomas, estableciendo con esta acción que “todo síntoma posee un sentido y se halla estrechamente enlazado a la vida psíquica del enfermo.” Colocándolos en una serie junto con los actos fallidos y los sueños. En la Conferencia 23, propondrá: “Los síntomas —nos ocupamos aquí, desde luego, de síntomas psíquicos y de enfermedades psíquicas— son actos perjudiciales o, al menos, inútiles para la vida en su conjunto; a menudo la persona se queja de que los realiza contra su voluntad, y conllevan displacer o sufrimiento para ella. Su principal perjuicio consiste en el gasto anímico que ellos mismos cuestan y, además, en el que se necesita para combatirlos. (…) Ya sabemos que los síntomas neuróticos son el resultado de un conflicto que se libra en torno de una nueva modalidad de la satisfacción pulsional.”

Pero en Freud también encontramos un desplazamiento en su conceptualización del síntoma que puede homologarse con los desplazamientos realizados por Lacan a lo largo de su enseñanza. Ambos autores parten de una concepción del síntoma como formación del inconsciente que lo liga con un sentido ignorado que al ser interpretado, descifrado, levanta el síntoma, hace que este cese. Es decir, se encuentran con un síntoma tratable vía la palabra, vía lo simbólico en términos lacanianos. Y un segundo momento, en Freud luego de los años 20, donde se acentúa el síntoma como un funcionamiento –ligado a la satisfacción pulsional más que al sentido-, colocándolo en una nueva serie junto a la angustia y a la inhibición; y resaltando su durabilidad en el tiempo. En esta perspectiva, el síntoma es un aparato de suplencia que permite que el funcionamiento siga su curso. Freud, de hecho, es el primero en plantea que el delirio en la psicosis es el intento de curación del paciente; el delirio crea un nuevo sentido donde ubicarse y funcionar. Derrotero teórico-clínico que se puede equiparar, como ya dijimos, al realizado por Lacan cuando al final de su enseñanza piensa al síntoma como una manera de gozar, de vivir la vida. Hallazgo que lo conduce a proponer una nueva escritura para este síntoma “solución”, una escritura antigua: sinthome.

En este período Lacan ya no se inspira en Freud, sino en Joyce, específicamente, en su práctica de escritura. Mostrará con esta nueva manera de escribir al síntoma (sinthome) el hecho de que debemos desprendernos de la concepción previa del síntoma como malestar y formación del inconsciente. Este sinthome ya no es una formación inconsciente, sino que mantiene con él una relación más compleja y distinta: “Es en la medida en que el inconsciente se anuda con el sinthome, que es lo que hay de singular en cada individuo, que se puede decir que Joyce, como se escribió en algún lado, se identifica a lo individual” (Seminario 23) El sinthome es del orden de lo más singular de un individuo, es el modo válido únicamente para él, de funcionar. Por lo tanto, no se lo interpreta, no es del orden de la cifra, sino que se lo “usa”.  

Pero para poder abordar este cambio conceptual es necesario repasar el recorrido de Lacan y la serie de nuevos conceptos que forjó, como el de parlêtre o ser-diciente y el de lalengua. El inconsciente ahora pasará a ser una “elucubración de saber sobre lalengua” y esto a través de la escritura. Será definido como “un saber, una habilidad, un savoir-faire con lalengua.” Y aclara: “Y lo que se sabe hacer con lalengua rebasa con mucho aquello de que puede darse cuenta en nombre del lenguaje.” Es decir, mientras el lenguaje está en relación a la comunicación, lalengua tiene una finalidad de goce, -no comunica-.

Luego en la clase, y para situar mejor estas distintas conceptualizaciones sobre el síntoma, tomamos del libro Curarse del lenguaje dos artículos de Enrique Acuña: “El lenguaje conector: curarse de la psicosis”, en donde despliega el “arreglo curativo” que logra Schreber; y “James Joyce, el lenguaje arte-facto” donde se ocupa de la lectura de Lacan sobre Joyce que le permite conceptualizar al sinthome como “un modo de curarse del lenguaje a partir de lalengua de cada sujeto”.

Volvamos para concluir este comentario, al título de la clase que articula dos enunciados con un “más”, lo que propone una lectura comparada de ambos términos alejada de toda idea de superación de una concepción sobre la otra, abordando esedevenir conceptual que captaron en la lógica de la cura, tanto Freud como Lacan. “Más” que enfatiza la ganancia de una lectura dialéctica entre ambos momentos y autores, sin por eso esperar una conclusión teórica totalizante y cerrada de lo que elegimos pensar como una enseñanza.

 

Bibliografía

- Freud, S.: Conferencias de Introducción al Psicoanálisis (1917), Conferencia 17 “El sentido de los síntomas”

- Freud, S.: Conferencias de Introducción al Psicoanálisis (1917), Conferencia 23 “Las vías de formación de los síntomas”.

-Lacan, J.: El Seminario libro 23. El Sinthoma. Paidós, 2002.

-Miller, J.-A.:Los cursos psicoanalíticos de Jaques-Alain Miller, El partenaire síntoma, Paidós, Bs. As, 2008

- Miller, J.-A.:Los cursos psicoanalíticos de Jaques-Alain Miller, El ultimísimo Lacan, Paidós, Bs. As., 2014

-Acuña, E.: “El lenguaje conector: curarse de la psicosis” en Curarse del lenguaje, El ruiseñor del Plata, La Plata, 2016

-Acuña, E.: “James Joyce, el lenguaje arte-facto” en Curarse del lenguaje, El ruiseñor del Plata, La Plata, 2016