Imprimir

Székely con Masotta: la caída de los atributos

Escrito por Fernando Kluge.

El punto de partida de Freud fue la histeria y la búsqueda de una causalidad a los síntomas que la aquejaba. Con ese puntapié inicial se orientará a pensar el traumatismo de lo sexual y, conforme a las enseñanzas de su clínica, sostendrá que aquel trauma no es sin un segundo tiempo que opera por retroacción. Lógica que se repetirá a la hora de establecer el esquema de las series complementarias en relación al síntoma.

Atento a las fragmentaciones (de un cuerpo en la histeria, de un relato y sus olvidos, etc.) encontrará en las formaciones del inconsciente un mensaje logrado a la vez que la vía para acceder a la temporalidad lógica, antes que cronológica, del inconsciente: hay un futuro anterior a partir de un relato presente que vuelve a un suceso pasado en contingente a la vez que orienta hacia un futuro.

Jacques Lacan antepondrá ante la adjetivación “post-freudiano” un retorno a Freud, y es así como marcará una posición política ante una situación del psicoanálisis más orientada a la medicina (enmarcada en la figura de Sacha Nacht, presidente de la Sociedad Psicoanalítica de París, de donde Lacan se iría para fundar junto a otros la Sociedad Francesa de Psicoanálisis) y que en el año 53, el mismo de la fundación de la SFP, Lacan responde con la función de la palabra y el campo del lenguaje como el propio del psicoanálisis. Destacará así que Freud ve en el inconsciente los efectos de la incidencia de la palabra sobre el sujeto. También en años posteriores, ya remarcando la idea de un objeto faltante, cuestionará la idea de un evolucionismo de lo sexual en una maduración cronológica de la pulsión biologizada en estadios.

Enrique Acuña en la conferencia “La pulsión mítica y sus fragmentos de hystoria”, durante la IV jornada regional del Litoral del IOM2 llevada a cabo en Corrientes en el año 2013, sostuvo una paralelismo entre la clínica psicoanalítica y la hystorización en psicoanálisis. Hystorización con la “y” del término original hysteria y que por tanto plantea que aquel que, en un análisis, cuenta sus mitos individuales se divide entre verdad y mentira, entre olvido y recuerdo, entre lo que reprime y lo que retorna; así la hystoria se cuenta fragmentada, como el cuerpo de la histeria.

Así es que con las enseñanzas de la clínica freudiana nos adentramos en la hystorizacion del psicoanálisis, que no sigue las vías de una cronología yoica (la que no deja lugar a un “más allá” de toda enunciación respecto a un enunciado).

 

En función de ello me interesa la operación que implica rescatar a dos byografias y los efectos que de ello se desprenden, entendiéndolos como consecuencias para la política del psicoanálisis. Son dos referencias: la de Székely y Masotta. 

 

Bela Székely (inmigrante llegado desde Budapest) pronunció diez conferencias en 1939 en el Colegio Libre de Estudios Superiores en torno a temas como antisemitismo, criminología, arte y literatura y el marxismo, todos en relación al psicoanálisis. Fundando luego el Instituto Sigmund Freud en el año 1940, paso previo a otras instancias de fundación que hará en Brasil y Chile, ligadas a una clínica de la conducta y un instituto de psicología respectivamente. Enrique Acuña, en “Bela Székely: la excepción judía y el psicoanálisis”, enfatiza que Garma, con su programa semi-neurológico traído de Nueva York, se opondría a Székely, (un analista laico con una episteme ecléctica y una clínica  que se desviraría hacia a la educación). Convertido al cristianismo, aunque sin aceptar sus dogmatismos, renegara de su condición judía y perderá su insignia como psicoanalista de izquierda.

En esa línea Germán García desmitificará el origen de la instauración del psicoanálisis en nuestro país apoyada exclusivamente en los hombros de Ángel Garma, fundador de la APA en 1942 junto a otros y en representación de Ernest Jones; el cual buscaba una base firme en “los aspectos psiquiátricos del psicoanálisis” (cita tomada por Germán García en “El psicoanálisis y los debates culturales” pág. 212 del texto de Garma “El psicoanálisis: presente y perspectiva”). En lugar de ello, y tras rescatar aquella primera referencia de Freud a Germán Greve, resalta la figura de Székely como una manera de cuestionar la posición de Ángel Garma en torno a la cuestión de la autorización del analista.

Siguiendo a García tenemos un S2 (Székely) que desmitifica un S1 (Garma – APA).

 

Eco de ello es la entrada de Lacan a la Argentina vía Masotta. Su byografia habla de un intelectual comprometido de mitad de siglo XX, lector del existencialismo sartreano en un movimiento junto a Carlos Correa y Juan José Sebreli, difusor de un arte pop: la historieta. Byografia en la que García sitúa un corte: en 1960 muere su padre (poniendo en crisis su idea de autonomía), es tratado como esquizofrénico y recurre al psicoanálisis encontrándose con la lectura de Jacques Lacan. Momento de crisis de su vida anterior, según Germán García, quien habla de él, en su texto ya citado, como “el hombre sin atributos”. Leo: “Sus viejos amigos no pueden creerlo. Masotta –el de la crítica literaria, el de la polémica con la revista Sur sobre el peronismo, el organizador de la primera bienal de la historieta, el teórico del happening, el ensayista de Roberto Arlt- se ha convertido en la cabeza visible de una pandilla que polemiza con la izquierda y pretende discutir la natural pertenencia del psicoanálisis al campo de la medicina, mediante una revuelta que se apoya en los psicólogos” (“El psicoanálisis y los debates culturales” pág. 237).

Es así que Masotta como introductor de Lacan al castellano, hace caer atributos a partir de una crisis personal y, en pos de un deseo (sin relación a una profesión puesto que no era psicólogo ni médico), promovería la fundación de la Escuela Freudiana de Buenos Aires en 1974, presentada ante Lacan en 1975.

 

Así encontramos dos momentos, que en tanto corte de la hystoria del psicoanálisis en el país, conforman puntos de partida con el plus de que son referencias validas en un contexto actual, donde sigue en juego la cuestión de la formación del analista. Cuestión, que como elemento Uno, insiste en repetirse provocando movimientos de fuerzas, rupturas y alianzas en la política actual del psicoanálisis a la vez que desarticula la historización del psicoanálisis como una cronología, sin la “y”.

 

En Misiones, y particularmente en Posadas y en Oberá (que es la ciudad que habito), el psicoanálisis es a lo sumo una práctica que se encuadra en un campo mayor que es la psicología. El psicoanálisis viene a ser como una especificidad dentro de la psicología. A su vez las carreras de psicología de Posadas plantean ofertas de postgrado para la formación de un psicoanalista.

Entonces ambas byografías valen en tanto lo que se intenta es que, en un contexto institucional, de transferencias de trabajo en red de asociaciones: La plata, Misiones, Corrientes-Chaco y Paraguay; destacar la formación del analista atravesando las profesiones, al decir de Christian Gómez en los “Laicos del futuro anterior” (Conceptual –estudios en psicoanálisis- N°13). Lo cual, considero, es un eco de aquella perdida de atributos de Székely y Masotta.

¿No es acaso ello lo que el mismo Freud hizo con su título de neurólogo para dar lugar a un deseo inédito?.

Homologo entonces perdida de atributos con la metáfora de hacer caer el cuadro del título universitario a la hora de abordar la autorización del analista. ¿Cómo se podría pensar la autorización de un analista si se resta valor al análisis como experiencia para acercarlo al experimento de la ciencia que forcluye el deseo del experimentador? Hipotetizo entonces que hay cortocircuito entre la habilitación vía las profesiones y el psicoanálisis, que en tanto efecto de una experiencia singular, arriba a un deseo: que haya psicoanálisis y no otra cosa.

En Oberá, y en el marco de las actividades de la APM con la coordinación de Christian Gómez y el asesoramiento de Enrique Acuña estamos en un proceso de construcción del auditorio. Y vale tomar como antecedentes de entrada al país estas dos referencias, como manera de empezar a inscribir que el psicoanálisis no es una especificidad de una profesión sino otra cosa. Junto a lo cual se hace necesario una validación del psicoanálisis a partir de estar presente en los debates actuales así como a partir de una clínica critica.

 

Es así que entiendo un deseo que va más allá de las profesiones, y que por lo tanto tiene que ver con una política en acto: la de hacer existir el psicoanálisis como una práctica y una teoría que no sigue la exclusiva vía unidireccional y evolucionista de la superación de un saber previo en favor de uno más avanzado (operación que olvida los fundamentos) sino volver sobre esos fundamentos del psicoanálisis a luz de la clínica actual.

 

 

 

 

Bibliografía consultada:

 

·        Acuña, Enrique. “La pulsión mítica y sus fragmentos de hystoria”. (Inédito).

 

-         “Bela Székely: la excepción judía y el psicoanálisis” en Resonancia y silencio – psicoanálisis y otras poéticas. Ed. Edulp. La Plata, Argentina; 2009.

 

·        Gómez, Christian. “Los laicos del futuro anterior” en Conceptual –estudios en psicoanálisis- N°13, Año 12. La Plata, 2012.

 

·        García, German. “El psicoanálisis y los debates culturales – Ejemplos argentinos”. Edit. Paidos. Bs As, 2005.

 

·        Lacan, Jacques. “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis” en Escritos 1. Siglo XX. Bs As. 2010.

 

·        Cibils, Rodrigo. “Psicoanálisis: Historia y política” en Frixiones entre el psicoanálisis y la cultura. Año 1, N°1, Posadas 2011.

 

·        Ale, Marcelo. “Desembarco de Freud en el Rio de La Plata” en Conceptual –estudios en psicoanálisis- N°14. La Plata, 2013.