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De rupturas y apres-coup

Escrito por Daniela Gaviot.

Entender la historia como futuro anterior es lo que transmite Jacques Lacan en el texto “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”, de 1953. En este trabajo hay un claro énfasis a la dimensión de la historia, el inconsciente aparece definido como ese capítulo censurado de la historia de un sujeto y el psicoanálisis como el método inventado por Freud que posibilita la asunción de un sujeto de su historia a través de una palabra dirigida al otro. 

Historia que opone al anhistoricismo de la comunicación de los Estados Unidos donde ha alcanzado un apogeo el psicoanálisis postfreudiano, e historia opuesta a maduración, evolución de los estadios libidinales o desarrollo, tal como lo entendía hasta el momento el psicoanálisis de niños. Cuestiona la idea de la maduración como un proceso objetivo subrayando en su lugar que “los estadios ya cuando son vividos son organizados en subjetividad” (1). No se trata de la historia como una cronología, sino de un tiempo escandido por las modalidades del apres-coup y el futuro, una línea de tiempo que progresa en pos de una promesa de significación y otra que retroactúa. La puntuación de una palabra verdadera reordena las contingencias del pasado, dice Lacan, dándoles el sentido de las necesidades por venir, por el mecanismo de la retroacción lo que pertenecía al futuro ya estaba de alguna forma inscripto en el pasado.

Ahora bien, el inconsciente como ese capítulo olvidado de la historia de un sujeto cuya verdad aparece escrita en otra parte, es puesta en este texto de Lacan en paralelismo con otro olvido, pero en este caso no en relación a la historia de un sujeto sino a la historia del movimiento del psicoanálisis. Dejar de lado, distorsionar, desviar, olvidar el verdadero descubrimiento freudiano retorna como síntoma en la formación de los analistas y en el funcionamiento de sus corporaciones. Cabe señalar que este es un informe cuyo contexto de producción es la escisión de 1953, momento en el que Lacan junto con otros se separan de Sociedad Psicoanalítica de París y de la IPA. Una escisión originada a partir de la creación de un instituto encargado de la enseñanza del psicoanálisis  que ponía en juego la formación de los analistas.

Lacan cuestiona en ese momento la pretensión de regular de manera autoritaria la formación de los analistas que tendía a perpetuar una minoría de sabios y experimentados, una gerontocracia que han llevado a la organización de Freud a un formalismo decepcionante que desalienta la iniciativa y el riesgo, convirtiendo la técnica en recetas al punto del ceremonial. Siguiendo la hipótesis planteada en el Curso anual de Enrique Acuña “Inconsciente político –Una h(y)istoria del psicoanálisis en la Argentina-”.  el tipo de demanda de formación de los analistas de un determinado momento obliga a un apres-coup que indague acerca de las formas de organización que se dieron los analistas, es decir una pregunta por las fundaciones, lo cual en este caso nos conduciría a la institución que creó Freud en 1910, y que llevaría a otra investigación.         

En un capítulo del libro de Miller El ultimísimo Lacan, titulado  “Historización”,  retoma la idea del inconsciente como historia de “Función y campo…” de Lacan y la opone a lo real, según se desprende de la lectura de la “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite sobre la verneinung de Freud”, escrito por Lacan en 1954.

En “Función y campo…” Lacan habla de historización primaria en la medida que los acontecimientos no tienen una existencia fáctica ni traumática en si mismos, no valen como hechos puros sino que se engendran a partir de un sujeto que los humaniza. Un acontecimiento no es la irrupción de un real, sino que ya cuando se vive cuando surge es un hecho de historia. Miller la llama una vida vivida como historia y es el psicoanalista quien lo ayuda a perfeccionar esa historización para restablecer la continuidad de su discurso consciente. En este texto sostiene la idea de que se accedería a una verdad total, sin restos.

En el “Prefacio a la edición inglesa del seminario 11” escrito en 1976, Lacan dice que en el ocaso, viene a recordar un hecho de historia o de histeria que es lo mismo, y es que en realidad Freud se le impuso a él a través de un caso de psicosis. Historia e histeria implican ambas las incidencias del discurso del Otro sobre el sujeto. Y el discurso del Otro en los años 50 en la época que Lacan escribe “Función y campo…” privilegiaba a la historia que era, dice Miller, una disciplina estrella con repercusiones en el mundo científico, representada en Francia  por la Ecole des Annales y que permite explicar la densidad que reviste la palabra historia al principio de su enseñanza.

Sin embargo, Lacan comienza a tomar distancia del Discurso de Roma en su “Respuesta al comentario de Jean Hyppolite …” mediante el análisis de la alucinación, que explica a partir de una falla en la historización primaria, se trata de un fenómeno que escapa a la historia. Toma el caso de “El hombre de los lobos” de Freud, para decir que en la alucinación vuelve un contenido que no fue simbolizado, que escapó a la simbolización primaria. Analiza la alucinación del dedo cortado a los 5 años de edad que aparece erráticamente, dice Lacan y como un recuerdo que le parece ya habérselo contado a Freud en otra oportunidad, es decir con imprecisiones en relación al tiempo.

El sujeto le cuenta a Freud que “cuando tenía cinco años; jugaba en el jardín junto a mi niñera y tajaba con mi navaja la corteza de uno de aquellos nogales que también desempeñan un papel en mi sueño. De pronto noté con indecible terror que me había seccionado el dedo meñique de la mano (¿derecha o izquierda?), de tal suerte que sólo colgaba de la piel. No sentí ningún dolor, pero si una gran angustia. No me atreví a decir nada al aya…me desmoroné sobre el banco inmediato y permanecí ahí sentado, incapaz de arrojar otra mirada otra al dedo. Al fin me tranquilice, mire el dedo y entonces vi que estaba completamente intacto.” (2)  

Freud entiende esta alucinación como consecuencia de la posición del sujeto frente al problema de la castración, la desestimó, no quiso saber nada de ella en el sentido de la represión. Freud diferencia en este texto la verdrangung de la verwerfung que constituye lo que es expulsado, retomando la terminología de Freud en su artículo “la Negación”. Y lo real se constituye como ese dominio que subsiste fuera de la simbolización. “Freud nos ha dicho que lo que el sujeto ha cercenado (verwofen) no volverá a encontrarse en su historia si se designa con ese nombre el lugar donde lo reprimido viene a aparecer” y a hacerse reconocer a través de la palabra. Mientras que lo que no ha llegado a la luz de lo simbólico aparece en lo real y lo hace en forma errática, como una puntuación sin texto, como letra muerta, no espera nada de la palabra, como ruido en el que puede oírse todo, lo real charla solo.

En este sentido, Lacan diferencia la alucinación del fenómeno interpretativo, y da el ejemplo de Freud del olvido de nombre Signorelli, donde el sujeto ha perdido la disposición del significante y se someterá a las leyes del lenguaje, mientras que en la alucinación se detiene ante la extrañeza del significado, hasta el punto de no poder comunicar el sentimiento que eso le produce, y subraya en relación a este relato de la alucinación el rasgo de mutismo aterrado, de abismo temporal, de inmovilidad en que se hunde el sujeto. También distingue la rememoración que se produce en el interior de un texto simbólico y que permite al sujeto acceder a un sentimiento de realidad frente a un recuerdo olvidado, de la reminiscencia que tiene que ver con la interrupción del texto, la ruptura temporal, el carácter inmemorial y el sentimiento de irrealidad.

Aquí aparece lo real como el elemento extratemporal, anacrónico, tal como lo define Enrique Acuña en el curso de este año y que opera de límite a la rememoración, a las vueltas dichas, al apres-coup de lo simbólico. Hay una dimensión del inconsciente como historia en un análisis que se intersecta, como dice Lacan con lo real donde la verdad mentirosa de lo simbólico se agota en un sin-sentido.  

 

 

Notas Bibliográficas

1-     Lacan, Jacques, “Función y Campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, en Escritos 1, Siglo XXI editores, 1987.

2-     Freud, Sigmund, “De la historia de una neurosis infantil (“el hombre de los Lobos)”, Amorrortu editores tomo XVII.