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Sólo hay inconscientes particulares

Escrito por Verónica Ortiz.

Siempre me gustó un poema de Roberto Juarroz[1] que dice que somos el borrador de un texto con palabras tachadas, repetidas, mal escritas y hasta con faltas de ortografía. Con palabras que esperan. Él era de la idea que bastaría que ese borrador fuese leído una sola vez en voz alta para que ya no esperásemos más ningún texto definitivo. O sea, agrego yo, para que supiésemos de nuestra existencia de borrador, de trozos, de rasgos. Esto es auspicioso cuando nos advierte contra la pretensión de totalidades, de textos definitivamente completos, redondos: “me cerró”, como decimos los argentinos.

Y algunos hacemos la experiencia, además, del recurso al psicoanálisis. Si ese “leído en voz alta” fuera una operación de lectura en un análisis, tal vez contaríamos con algunos textos un poco más definitivos, en el sentido de textos, relatos, con consecuencias. Jacques Lacan decía[2] “Uno habla solo porque uno no dice jamás sino una sola y misma cosa-salvo si uno se abre a dialogar con un psicoanalista.”

 

En su trabajo para Conceptual 14[3], recientemente publicada, Marcelo Ale nos recuerda que “el relato de una historia implica el deseo de quien lo realiza” y también que “de alguna manera leer es poner en juego el futuro anterior: tomar un fragmento de la historia donde sucede algo que determina lo que vendrá.” No es tanto el fragmento en cuestión sino el hecho de leerlo lo que determina lo que vendrá.

 

H(y)storia-histeria[4] no es un juego de palabras meramente ingenioso. El trazo vertical de la letra Y griega que reemplaza a la I latina bien puede pasar a representar la barra de la castración, esa “barra oblicua de noble bastardía”[5]. De ahí resulta una historia “castrada”. ¿Qué puede querer decir esto y qué consecuencias tiene?

 

1) Una primera consecuencia, más general: imposible que haya historia sin barrar, biografía correcta, relato completo, perspectivas objetivas, archivo exacto, nomenclatura exhaustiva porque el hombre es un ser que habla, habita incluso desde antes de su nacimiento un universo de lenguaje y no es el dueño de tal lenguaje, más bien es el lenguaje el que se apropia de él. Este constituye el máximo descubrimiento freudiano, la “revolución copernicana”[6] que destronó al hombre de la pretensión del autoconocimiento, del autocontrol consciente (y con eso, de la posibilidad de relatar LA historia). Con Sigmund Freud diríamos “hay el inconsciente”, “el saber, no sabido” “el recuerdo, encubridor”; con Jacques Lacan, “hay el sujeto dividido” y hay un resto de tal operación de división: el objeto a, innombrable, irrepresentable, pero que aún así, participa en la organización del relato como tal.

 

2) Una segunda consecuencia: el tiempo está trastocado. No podremos movernos ya del pasado al presente en una línea diacrónica, sea ésta sin o con sobresaltos. Ya que no se trata solamente de que existan escansiones o crisis, sino que el tiempo mismo está patas para arriba. “Apres coup” lo llamó Freud, retroacción. Por ejemplo, hablamos de los dos momentos del trauma: el momento del trauma no es el momento de lo efectivamente sucedido sino el momento en que lo sucedido se lee desde el futuro. Germán García enseña que lo traumático no es algo extraño que se enquista sino algo familiar que se ha vuelto extraño en el encuentro con un acontecimiento exterior. Hay dos tiempos aquí: el tiempo del acontecimiento exterior actual y lo familiar que se reencuentra.

Y en el protocolo a estas jornadas se ha incluido una frase de Lacan, que a mí me resulta bastante oscura. Intento leerla, de este modo: “Lo que se realiza en mi historia no es el pretérito definido de lo que fue, puesto que ya no es, (O sea, no se trata del “me pasó tal cosa”, ya que no me pasa más), ni siquiera el perfecto de lo que ha sido en lo que soy (“me ha pasado tal cosa que me ha convertido en lo que soy”) sino el futuro anterior de lo que habré sido para lo que estoy llegando a ser ( Desde algo que seré –no hay garantía aquí- en el futuro, podré decir habré sido)”.  Me embrollo, pero creo que, al menos, se puede deducir que así como nuestro pasado trama nuestro presente, también nuestro presente tiene efectos, afecta nuestro pasado al dotarlo de nuevos sentidos.

En su conferencia de hace unos días en nuestra Asociación, en San Fernando-Tigre, Germán García daba el siguiente ejemplo; decía: “No es tan fácil establecer una causalidad. El famoso apres coup quiere decir que las causalidades se hacen de acá para atrás, que el inconsciente tiene una estructura anacrónica. Se sabe que la gente que cambia de clase social empieza a entender su pasado desde la clase social a la que pertenece ahora. Entonces vivía de una manera miserable, ahora se enternece él mismo contándole a la novia su triste historia, pero cuando era chico la vivía feliz, jugaba con el perro… Es el anacronismo del inconsciente”.

 

 

3) Una tercera consecuencia, clínica: no se trata entonces en un análisis de narrar una historia, de-solamente- historizar. Después de todo, tal cosa se puede hacer con algún amigo o con algún interlocutor bien dispuesto. También, podría apelarse a recursos literarios, creativos, o incluso de archivo (hoy tenemos fotos de casi todo almacenadas en una computadora). ¿Qué hace que un análisis sea algo diferente de contarle la vida de uno a alguien que escucha? Un deseo, el deseo del analista, que torna accesible un saber, el del inconsciente y que a su vez habilita, en algunas ocasiones, algo inaugural: un saber hacer con lo que queda como resto de ese saber. Ese analista sabe que la historia está trastocada, que no está escrita o, en todo caso, que resulta necesaria una reescritura ya que no se trata de descubrir algo que ya estaría ahí sino más bien de escribir algo nuevo. Sabe también, que habrá un resto inenarrable, aunque no se detiene por ese motivo, más vale hace de eso su causa.

 

Esto tiene consecuencias a la hora de presentar o estudiar un caso. La investigación llamada La casuística de Lacan en la cual tuve el gran gusto de participarcomenzó con una pregunta como esta: ¿Por qué Lacan pasó del modelo del “historial” freudiano a la fulgurante y breve viñeta clínica? ¿Respondía esto a lo que hoy podríamos llamar “el secreto profesional”, la necesaria discreción o había otras razones, más conectadas con su pensamiento y con su clínica? Hace poco, estuvieron aquí en La Plata Elena Levy Yeyati y Mónica Códega, así que conocen los argumentos. Me limito a recordar que las hipótesis que guiaban la investigación están a favor de esta última idea y despliegan, en presentaciones individuales, sus fundamentos. “Este tema es importante”, nos repetía una y otra vez Elena: si la construcción de los casos guarda una íntima relación con los conceptos, entonces el relato de casos forma parte del estilo de razonamiento analítico. Y si esto es así, y tenemos en cuenta lo dicho hasta acá-, será necesario transformar una historia de vida en un caso.

 

“Para muestra vale un botón”, afirma el decir popular. Pero ¿qué muestra ese “botón”? ¿Qué enseña un caso? En La construcción, entre lo universal y lo particular[7] contamos con una indicación: “Elevar el caso al paradigma” puede servir a un buen diagnóstico siempre que se sepa que hay algo que no se nombra. Lo particular es lo dicho efectivamente. La obtención de un diagnóstico implica demostrar cómo ese particular de un síntoma se ubica en una estructura clínica que es universal. Entre ambos, el particular modo de presentar el síntoma y el universal clasificatorio queda algo inaprensible, una singularidad que funcionaría como referente, una significación nueva al relato, no dicha aún. El botón que vale de muestra en el psicoanálisis es un botón único, es un exemplum, algo que tiene validez sólo para ese caso solitario, un botón para el traje a la medida de un solo cuerpo. Lacan ya enseñaba en el Seminario 1: “Un análisis no es más que una serie de revelaciones particulares para cada sujeto[8] y lo seguía enseñando en el 23 “Sólo hay inconscientes particulares, en la medida en que cada uno, a cada instante, da un retoquecito a la lengua que habla”[9].

 

Para ir finalizando, algunos otros versos del poeta en relación a los efectos que conlleva  la pretensión- tan en boga en nuestros días- de diluir lo singular en lo universal: “Toda nomenclatura es triste, huele a campos tapiados (…) aunque se enumeraran ángeles, aunque se encolumnaran rosas, aunque se indiciaran amores.[10]

 

Menos poético y más clínico,  J-A Miller decía en Los divinos detalles[11]: “Si hay un espíritu del psicoanálisis, es un espíritu del detalle”. O, como suele preguntar Enrique Acuña, “¿Qué hay en este caso que no hay en ningún otro?”

 

Es así que, cada vez que hablamos de historia es importante que recordemos que- según Lacan- la lengua no sólo sirve para comunicar (hechos objetivos, dichos); sobre todo hay en ella una satisfacción en juego, un “hacer retoquecitos” (que implican, a su vez, un decir). Si olvidamos esto, olvidamos que no hay historias sino historias-histerias.



[1] Juarroz, R. Novena poesía vertical, 50, (1987) Emecé, Bs As.

[2]Lacan, Jacques, LÍnsu que sait de LÚne-Bevue Sáile a Mourre, Seminario 24, 1976-1977 (Inédito)

[3]Ale, Marcelo, Desembarco de Freud en el Río de La Plata, Conceptual- estudios de psicoanálisis N14, 2013, El ruiseñor del Plata, La Plata.

[4]Lacan, Jacques, Otros escritos, Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11, Paidós, Bs. As, 2012. “Ahora, es decir, en el ocaso, pongo mi grano de sal: hecho de historia o, lo que es lo mismo, de histeria (…)”.

[5]Lacan, Jacques, "La dirección de la cura y los principios de su poder", Escritos 2, siglo veintiuno editores, Argentina, 1987, pág. 614.

[6] Lacan, J. “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano”, en Escritos II, Ed. Siglo XXI. Madrid.

 

[7]Microscopía El psicoanálisis entre los intersticios de la cultura N89. Boletín mensual de la APLP. Febrero de 2010.

[8]Lacan, Jacques. El Seminario Libro 1. Los escritos técnicos de Freud. Clase 21. Paidós. Bs. As. 1981.

[9]Laca, J. El seminario Libro 23 El Synthome Clase 9, pág 131. Bs. As. Paidos, 2006.

[10]Juarroz, Roberto. Poesía vertical. Antología esencial.  Bs. As. Emecé Editores, 2001.

[11]Miller, Jacques Alain Los divinos detalles. Bs. As. Paidós, 2010.