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Fundaciones y formación. Dos casos argentinos

Escrito por Guillermina Martínez.

Teniendo como referencia el curso “Inconsciente político”, dictado por Enrique Acuña en la APLP, durante el corriente año, y a partir de la idea que él plantea en cuanto pensar la historia como anacrónica, (es decir “entre la diacronía y la sincronía hay un tercer elemento posible que es lo que se repite en la diferencia”), me interesa tomar dos momentos, 1942 -1958, que establecen dos fundaciones diferentes, intentando situar qué  formación está en juego en cada una.

 

Ángel Garma y la APA

Ángel Garma llega a la Argentina con un objetivo: el psicoanálisis. Luego de una temporada en Alemania estudiando en el Instituto Psicoanalítico y analizándose con Theodoro Reik, solicita su inclusión en la Asociación Psicoanalítica Internacional. De regreso en su país y dadas las resistencia que encontraba en la psiquiatría española al psicoanálisis tanto como por la situación política que se vivía en ese entonces decide emigrar de su España natal.

Una vez llegado al país su apuesta es clara: el psicoanálisis sería de los médicos. Germán García en el artículo “Ángel Garma, el legítimo representante”, dirá que excluir la psiquiatría llevaría a un interés por la psicosomática, tratando psicoanalíticamente enfermedades orgánicas. Siendo miembro de la IPA, solicita el reconocimiento de Jones y conforman con Pichon Riviere, Racowsky, Cárcamo y otros la APA, reforzando su  posición frente al análisis laico.

Un tiempo después, Garma instala el programa del Instituto de Nueva York lo que traslucirá su política. Dicho programa constaba de tres años, y se comenzaba una vez que el postulante médico hubiera avanzado en su análisis didáctico. El primer año era una introducción a la teoría freudiana; recién a mediados del segundo año los estudiantes intermedios empezaban a realizar psicoanálisis controlados y se abordaban los casos freudianos y los escritos técnicos. El último año incluía un curso adelantado de interpretación, técnica y conferencias clínicas. El psicoanálisis parece “aprenderse paso a paso”. Primero la teoría, después la práctica y la técnica. Más aún, para Garma lo más importante era “la profunda formación científica” exigida por las instituciones, lo que garantizaba la adecuada actuación en la práctica.

En 1954 se promulga la ley Nº 2282 del Ministerio de Salud de la Nación, donde se obligaba a tener título médico a todos aquellos que practicaran el psicoanálisis. El mismo Garma  solicita que se considere una infracción penal promover el psicoanálisis profano. Así, el psicoanálisis en la Argentina quedaba exclusivamente en manos de los médicos y Garma encarnaba la legitimidad institucional que quería regular la libre utilización del saber analítico.

 

 Alejadro Dagfal en el libro Entre París y Buenos Aires. La invención del psicólogo plantea que ya en 1955 dentro de la institución oficial la clara tendencia endogámica había vuelto las relaciones asfixiantes y entonces se comienza a fomentar todo lo que implicara la expansión a otros ámbitos en la medida que el control quedara siempre bajo la lupa de la APA. Esto se puede leer en la Revista de psicoanálisis, donde en el primer número se publica el artículo de Freud sobre el psicoanálisis en la Universidad. Un año después Garma y Rascovsky, convocados por los estudiantes, comenzaron a dar cursos informales en la Universidad de Bs. As., con la intención de despertar el interés en los jóvenes médicos en una disciplina en la que podrían formarse en su institución. A su vez Garma se hace cargo de manera interina en 1957 de la cátedra de Psicología I en la facultad de Humanidades de la UNLP, dictando en realidad un curso básico de psicoanálisis, por lo que se puede considerar una de las primeras Cátedras de psicoanálisis en la Universidad. De la misma manera quiso entrar en la UBA y dar un curso paralelo al de Marcos Victoria, cosa que le fue rechazada. Detrás del rótulo de psicología profunda y dinámica se escondía la intención de entrar el psicoanálisis en la universidad como una psicología medica. Asimismo, la corporación médica siempre se iba a mantener reticente a las ideas freudianas, ningún miembro de la APA lograría enseñar en una cátedra médica, por lo que debieron conformarse con comenzar a incluirse en las nuevas carreras de psicología. 

 

 La Carrera de Psicología en La Plata

En 1957 el decano Bernardo Canal Feijoo, admirador del psicoanálisis, propuso una comisión para elaborar un plan de estudios para el profesorado de psicología. Esta comisión presidida por Alfredo Calcagno se completaba con Ángel Garma, Juan Cuatrecasas, médico español, quien tenia a su cargo una cátedra de antropología en La Plata y realizaba estudios neurológicos sobre el psiquismo, José Luis Ravagnan, profesor de filosofía y adjunto de Garma, orientado más hacia la fenomenología, y que en clara diferencia con el resto entendía la psicología ligada íntimamente a la filosofía; y Fernanda Monasterio, una española que estudió medicina y continuó su formación  (al igual que A. Garma) con Marañon eminente médico humanista que se abocó a la endocrinología, considerando a ésta relacionada profundamente con los aspectos básicos de la personalidad y por lo tanto de la psicología, ideas que prendieron rápidamente en su discípula.

Su inclusión en la comisión estaba dada por su orientación evolucionista considerando la psicología una ciencia natural y abocándose a los avatares del desarrollo humano, claro punto de encuentro con Alfredo Calcagno. Según sus palabras, finalmente el proyecto quedó en manos de ellos dos quienes terminan solicitando ya no un simple profesorado sino la carrera de psicólogo profesional que se daría en tres ramas posibles: psicólogo laboral, psicopedagogo o psicólogo clínico en tanto “podía abordar el tratamiento verbal de los conflictos de la personalidad en cuanto colaborador del médico.” O sea, se va creando una figura paramédica pero dedicada al tratamiento de la personalidad por medio de la palabra, va entrando la idea de la psicoterapia.Seve que la intención original no fue hacer de la Carrera de Psicología un lugar de formación clínica ni de psicoanálisis. Es más, ante la falta de profesores para cubrir las cátedras se organiza una reunión entre representantes de las distintas carreras de psicología recientemente formadas y La Plata asumiría la especialización en psicología experimental, mientras que la de Buenos Aires continuaría con la clínica y la psicología social, Córdoba con psicología industrial y Rosario psicometría.

Ahora bien, con este cuadro planteado, ¿cómo llega la carrera de Psicología de La Plata a tener hoy en día y desde hace muchos años una marcada orientación clínica y “psicoanalítica”? 

Si bien no se puede determinar una única razón, sabemos que una de las mayores dificultades con las que se encontraron para implementar la carrera fue, cómo decíamos recién, la falta de profesores a partir del segundo año, por lo que Monasterio debe ampliar su criterio de selección y convocar, por ejemplo, a dos profesores como Rolla y Knobel, que si bien van a dictar materias como Neurobiología y Psicología de la Infancia y la Adolescencia respectivamente, ambos tenían una inclinación por el psicoanálisis. Rolla, discípulo de Pichon Riviere, era miembro de la APA, y Knobel también comienza su formación en dicha institución mientras dicta la materia. Similar situación se fue dando con otros personajes como Gino Germani, Eduardo Colombo, Ida German de Butelman y Juan Carlos Pizarro. Vías insospechadas por las que las ideas freudianas (aunque no ortodoxas) fueron cobrando fuerza e imponiéndose entre los estudiantes, que comenzaron a verse atados ya que se entusiasmaban por el psicoanálisis que “legalmente” no podían ejercer. Recién en 1985, luego de varios intentos fallidos, se aprueba la ley que reglamenta el ejercicio profesional del psicólogo. Se pone en juego entonces la profesión como una acreditación, una habilitación de una autoridad.

 

Respuestas freudianas

Ante ambas situaciones: la formación psicoanalítica reservada para los médicos en la APA y el psicoanálisis enraizándose en la Universidad de manera ecléctica con el surgimiento de la profesión, me parecía oportuno tomar dos textos freudianos en los que se puede leer una respuesta anticipada de Freud. 

En 1926 escribe Pueden los legos ejercer el psicoanálisis,donde va a argumentar por qué el psicoanálisis puede ser practicado por los legos. Luego de dar a un supuesto juez imparcial un minucioso detalle de la teoría y técnica analítica como la episteme psicoanalítica, no sólo establece como obligación del analista el propio análisis a fin de volverse idóneo de una recepción sin prejuicios del material clínico, sino que establece que la formación debe darse en una institución y declara que una vez que estas cuestiones se obtienen, ya no se es un lego en el campo del psicoanálisis, considerándose habilitado para emprender el tratamiento de perturbaciones neuróticas. Aún más, en el apartado VI dirá: “los médicos no tienen un derecho histórico a la posesión exclusiva del análisis; más bien, hasta hace muy poco, han hecho todo lo que pudieron para perjudicarlo, desde la burla más superficial hasta la más grave calumnia”.  En el Epilogo de ese texto, Freud pondrá al grupo de Nueva York (del cuál Garma extrae su programa) como uno de los cuales se atiene a tomar lo pronunciado por él en esta oportunidad, considerándose los promotores de “la más ríspida repulsa al ejercicio del análisis por los legos”.

Por otro lado, en 1919 publica ¿Puede el psicoanálisis enseñarse en la Universidad?, donde ya en el primer párrafo declara que si bien la incorporación de la enseñanza analítica a la Universidad serviría como un bálsamo moral, no es necesaria, pudiendo ser solamente de carácter dogmático-crítico. La formación teórica indispensable se da en las sesiones científicas de las asociaciones psicoanalíticas, mientras que la experiencia práctica aparte de adquirirla en su propio análisis, se logrará mediante el control de los casos analizados.

 

Ambos, Garma y Monasterio, fundan. En la APA, el criterio de formación está dado por el programa de Nueva York que legitima el analista médicoy a través del cual con el análisis didáctico se disciplina al candidato, imponiendo cantidad de horas y de sesiones determinadas con un didacta x, con quien debe identificarse. Hay pacientes y candidatos, y este, como dice García, por más burro que sea, sólo con insistir llegará a ser analista, pero no se piensa la posibilidad de que un paciente llegue a serlo. En el caso de la carrera no se formaban analistas pero había cátedras que daban como resultado un criterio o ilusión de la formación de un analista, pero allí lo que legitima es la profesión, el título. En los dos casos se puede pensar una episteme, una clínica y una política, como dice Miller, donde lo que dejan de lado es el deseo del analista como producto del análisis. El deseo del analista “funde estas tres patas cuando el analista actúa, en sus actos está uniendo lo epistémico, (lo que sabe) su política y su clínica, (su acción).”

En el psicoanálisis lacaniano no será un programa, ni el colegio profesional lo que determine la formación, sino que el analista será el efecto del análisis mismo.Dice Lacan “no hay analista si ese deseo no adviene”.

El deseo del analista no es consecuencia de la formación epistémica, ni se produce en una cantidad determinadas de sesiones establecidas por un didacta. Nada de esto garantizan que advenga ese deseo como conclusión de un análisis. Pensar la formación del analista, es pensar en las formaciones del inconsciente, donde el programa es el del inconsciente,por ello, al análisis de los analistas, cuestión que hace que aquel que ha pasado por esta experiencia, trasmita sus consecuencias.

Christian Gómez en el artículo “Experiencia y autoridad” dice: “Sólo la experiencia de un análisis puede decir acerca del deseo de alguien de causar la operación analítica. No hay garantías que puedan obtenerse del conocimiento epistémico de la doctrina si no ponen en juego las consecuencias para el analista del hecho de constituirse como analizante.”

Entonces, tal como planteaba Enrique Acuña en su curso anual, “el inconsciente político sería considerar qué articulación hay entre las fundaciones institucionales y las formaciones de los analistas uno por uno. El inconsciente político es un sujeto, el deseo de uno solo, por ejemplo: el deseo aislado de Lacan, el deseo de fundar una Escuela y determinar con ello un criterio de formación de los analistas.” Es decir, la fundación determina la formación, y en el medio está el deseo de cada uno, deseo que parece escabullirse en las propuestas de Garma y Monasterio.